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Septiembre 2000 Número 48.
Portada: Elf Authentique Aventure..
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El pasado 3 de junio tuvo lugar en La Rioja, la IV Marcha de San Millán, una fiesta excursionista que se ha convertido en una cita ineludible para los amantes de las marchas de gran recorrido de toda España. El itinerario, de 67 kilómetros de longitud, une las localidades de Miranda de Ebro, en Burgos, y San Millán de la Cogolla, en la sierra de la Demanda. Los participantes pueden optar a comenzar la prueba en la línea de salida o en los kilómetros 15, 37 50 y 59. Más
de 550 personas se inscribieron en la prueba, pero sólo 427 entraron en el monasterio de Yuso.
MALDITA sea la supuestamente invencible armada española que desarboló el norte de España y lo dejó convertido en un trigal asolanado. También los peregrinos del Camino de Santiago contribuyeron durante siglos a hacer de aquel paraíso de ardillas que era la Península Ibérica, este descampado asolado por un inclemente bochorno de junio. Estos y otros pensamientos de igual fuste me ocupaban mientras trataba de recorrer sin quedar convertido en un pellejo seco los
kilómetros que separan Haro de Ezcaray a la caza de imágenes y experiencias que me sirvieran para hacer la crónica de la Marcha de San Millán, una larga "excursión" de 67 kilómetros que rememora el peregrinaje que hizo, Dios sabe cuándo, el santo oficial de Haro, San Felices, hasta un lugar de la sierra de la Demanda donde purgaba sus pecados San Millán y donde hoy se levanta el excepcional Monasterio de Yuso. La fiesta de la ampolla había empezado en las cercanías de
Miranda de Ebro, en un sitio casi paradisiaco llamado San Juan del Monte (un sitio de especial belleza afeado por los montones de basura que adornaban los laterales del camino, señal inequívoca de que aquel lugar era frecuentado por turistas sin escrúpulos). Pinos, robles, madroños y matas de boj daban a estas colinas mesetarias, que reciben el nombre de montes Obarenes, un aspecto absolutamente mediterráneo. No faltaba de nada, ni siquiera un temprano y sofocante calor, para sentirse
como en la costa. Los 19 grados que a las seis de la mañana marcaba un termómetro de Logroño eran un aviso, aún más, una advertencia de lo que aguardaba. El día iba a ser de órdago. Al llegar a Haro, los 80 caminantes que tomaron la salida en San Juan del Monte, más los 25 que se unieron en esta ciudad, ya mojaban la camiseta -los que la llevaban-, y entre las patrullas de Protección Civil que tutelaban la cola de la prueba se comentaba, entre graciosos y compasivos, que lo peor
estaba aún por llegar. Vía chicharrera A A partir de Casalarreina supe lo que querían decir. El itinerario se adueña de la vía verde del río Oja, o lo que es lo mismo, la plataforma de un antiguo ferrocarril de vía estrecha que dejó de funcionar en el lejano año de 1964 y que hoy cumple el papel de camino parcelario. La vía de tren, que unía -y que, de alguna manera, sigue uniendo- Haro y Ezcaray, está trazada con tiralíneas entre campos de cereal y alfalfa y no tiene ni una sola
sombra en 26 achicharrantes kilómetros. Bueno, en realidad sí hay un árbol, un pequeño abeto que parece caído del cielo y que sobrevive al borde del camino en amoroso abrazo con un tractor descacharrado. Me imaginaba, al verlo, el mordaz sentido del humor que tendría el labrador de aquella parcela . Sólo de tramo en tramo algún aspersor refrescaba la testa ardiente de los caminantes. Idea para la organización: situar a los lados del camino una batería de estos artilugios. De nada.
Campanas de duelo S SANTO Domingo de la Calzada, un hito sobresaliente en la ruta jacobea, se encuentra más o menos a la mitad del camino. Me habían dicho que en esta ciudad saldrían muchos caminantes (fueron 106 exactamente). Pero para cuando entré en la plaza, entre campanas que llamaban a muerto (lo juro) éstos ya habían partido hacia Ezcaray, y las carpas de la organización parecían más chiringuitos de verano después de una fiesta que punto de repostaje. A esas horas, en Ezcaray,
a sólo 13 kilómetros, ya deberían haber tomado la salida otro centenar de caminantes rumbo a San Millán siguiendo las marcas rojiblancas del sendero de gran recorrido GR 93. Esta parte del itinerario, que se interna en un paisaje de hayedos y rebollares, debe ser el negativo fotográfico de lo que quedaba atrás, un gustazo para los que recién se habían incorporado y un tormento para los que ya sufrían en las pantorrillas los calambres que corresponde tener cuando se lleva negociado
medio centenar de kilómetros. Sexagenario con marcha E EN Ezcaray me rajé y me fui, repatingado en el coche que conducía una buena amiga riojana a la que recluté como colaboradora, hasta San Millán. En sentido contrario a la marcha me llegué hasta cerca de Pazuengo, a siete kilómetros de la llegada, con la mala idea de retratar la fatiga en los rostros de los que barruntaban el reparo del monasterio de Yuso. Decepción. Muchos caminantes pasaban como si vinieran de una merendola al aire
libre. ¿Cómo era posible? Al consultar la información de la marcha descubrí que en el minúsculo Pazuengo estaba prevista una nueva salida. ¡Y qué salida! Más de doscientas personas. Cansado de esperar a ver si pasaba Pascual, el vitalista sexagenario que a la salida de Santo Domingo me contó su vida deportiva plagada de carreras y pruebas de esta laya, y animado por unas nubes plomizas que tapaban la cumbre del San Lorenzo sin decidirse a descargar, opté por regresar. Así que media
vuelta a ver qué se cocía (y nunca mejor dicho) en la explanada del monasterio. Abundaban los hombros, brazos, caras y piernas enrojecidas que algunos trataban de calmar tumbándose en la hierba o rociándose con el agua de la tímida fuente que mana de las tapias del monasterio. El coordinador de la marcha, Luis García, empezó a darme las novedades: más abandonos que en años anteriores, comida sin consumir y una demanda de agua que desbordó las previsiones, lo que obligó a la
organización (ejemplar) a salir pitando en busca de más botellas. Y, además, para mi mala fortuna, no hubo globo aerostático, como estaba previsto. Otro año será. Digo yo.
Dioni SERRANO
Organización Marcha San Millán. Tel.: 941 30 38 77 y 649 37 35 61. Correo electrónico: garman@redestb.es
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