Julio/Agosto 2000
Número 47.

Portada: ermita románica de Sant Quirc en Ribagorza.

 

Pirineos Seguros

La llegada del buen tiempo supone un sustancial incremento del número de visitantes en Los Pirineos, registrándose una verdadera masificación en los lugares de fácil acceso. Al aumentar el número de personas aumentan, lógicamente, los accidentes que se producen. Pero en este dramático incremento intervienen más la falta de experiencia y conocimiento del medio que la estadística. Por eso no está de más que recordemos algunas sencillas reglas que harán más segura y agradable nuestra visita a la cordillera.

Secciones>> Una barrera invisible | Vacaciones psicológicas| Peligros reales y creados | Equipo, alimentacion y preparación | Fauna y flora | Ardientes situaciones.


 LA benignidad del verano parece conceder una moratoria a la dureza de la montaña. Es una ilusión peligrosa que puede hacer bajar la guardia a los más probados, e incitar a los menos experimentados a acometer actividades por encima de sus posibilidades y con un equipo precario.


Una barrera invisible

 LA cota de los 2.000 metros no constituye, necesariamente, una frontera del peligro, ya que es notorio que se pueden cometer imprudencias muy por debajo de ésta. Pero sí podríamos considerarla como una referencia de límite entre la alta y la media montaña.
En verano es relativamente fácil para cualquier paseante pirenaico alcanzar y superar esta altura. El neófito se encontrará en un escenario hermoso e impresionante, en el que el impacto emocional, la fascinación de la belleza y la grandiosidad de las grandes montañas puede dar lugar a una euforia gratificante que inhiba la sensación de riesgo o peligro.
No sólo el paisaje gana intensidad en estas altitudes, también las diferencias térmicas, el efecto de los rayos ultravioleta, y la exposición a los fenómenos meteorológicos como el viento, las tormentas y la niebla, por citar los más frecuentes. Asimismo disminuye la presencia de vegetación y agua, y aumenta la inestabilidad y dificultad del terreno y, consecuentemente, las dificultades de progresión y orientación.


Vacaciones psicológicas

 Pero quizás el principal elemento de riesgo en estas circunstancias esté en la propia mentalidad. Las vacaciones no dejan de suponer un periodo de transformación psicológica, en el que la disciplina del trabajo o los estudios es sustituida por la libertad del ocio. La frase "estoy de vacaciones" se convierte en la máxima exculpatoria con la que se acometen algunos actos que en otro momento del año serían considerados excéntricos o irresponsables como trasnochar, comer y beber en exceso, derrochar, vestir irreverentemente... y, ¿por qué no?, acampar, subir montañas, escalar, bajar barrancos, hacer puenting, rafting...
Esta tendencia a conducirse de forma más desinhibida, a hacer cosas que no se hacen habitualmente y que, por tanto, marcan una diferencia con el tedio y la rutina de lo cotidiano, se ve reforzada por cierta disposición a tener algo que contar al regreso, y si además hay fotos o vídeos mejor. La expansión social y comercial de los deportes de montaña, aunque sea bajo la rimbombante denominación de "deportes de aventura" no deja de suponer un importante acicate, particularmente en el Pirineo, donde la oferta se viene incrementando verano tras verano. Los problemas surgen cuando tales actividades se llevan a cabo por cuenta y riesgo del "aventurero ocasional", sin la guía y supervisión de profesionales que asuman el compromiso de la seguridad.


Peligros reales y creados

 CUANDO se aborda la seguridad en la montaña, lo primero que se hace es establecer una división elemental en peligros objetivos y subjetivos. Se conocen como peligros objetivos aquellos que vienen dados por las características del medio. Pertenecen a esta categoría los terrenos inestables o expuestos, los desprendimientos y caídas de piedras y los agentes atmosféricos (ver clasificación inferior). Los peligros subjetivos tienen su origen en las actuaciones personales, y son los más comunes: la falta de planificación, el desconocimiento de la zona, el incorrecto cálculo de horarios, la imprevisión meteorológica, el mal equipo, la inexperiencia, y las limitaciones de las capacidades física y técnica.
Pero establecer esta catalogación sin más es un ejercicio simple, porque las situaciones de peligro en la montaña no suelen obedecer a un único y nítido origen, sino que suelen venir dadas por una combinación de circunstancias en la que intervienen tanto los peligros objetivos como los subjetivos.
Pretender inventariar todas las posibilidades de contrariedad, riesgo o peligro que se pueden presentar en el transcurso de una jornada de excursionismo pirenaico es una labor extraordinariamente prolija. Puede llegar a pasar de todo, pero lo más normal es que no pase nada; siempre y cuando se tengan en cuenta algunas cuestiones básicas de seguridad.


Equipo, alimentacion y preparación

 LA elección de vestimenta, calzado y equipo es un aspecto crucial no sólo para disponer de la máxima comodidad en el desarrollo de nuestras excursiones o ascensiones, sino como factor determinante para la prevención de lesiones y de contingencias inesperadas. El hecho de que sea verano no significa que podamos prescindir de estos elementos, sino que deben ser seleccionados con otros criterios. Elemento imprescindible es un botiquín bien provisto cuyo mejor aliado es el conocimiento de primeros auxilios.
Tampoco hay que descuidar la nutrición y prever las provisiones adecuadas para la actividad, teniendo en cuenta las necesidades de aporte energético pertinentes a su duración e intensidad. En verano cobra especial importancia la hidratación, y en consecuencia la disponibilidad de agua.
Por otra parte, como un estado de extenuación física es el punto de partida para una situación comprometida, hay que calibrar bien nuestras posibilidades físicas antes de plantearnos acometer cualquier actividad, eligiendo el itinerario de duración, dureza y dificultad adecuada, y teniendo en cuenta que hay que reservar fuerzas para el regreso.
También es necesario un mínimo de preparación técnica para no desorientarse. Si no se conoce bien una zona o una ruta es imprescindible obtener información y proveerse de un mapa topográfico. Naturalmente, habrá que saberlo interpretar para que sea útil. Pero lo más importante es no llegar a extraviarse, manteniendo la atención en el recorrido, no saliéndose de los senderos y comprobando permanentemente la orientación, deteniéndose o volviendo sobre los pasos si existe la sospecha de haber confundido el camino o la dirección. También es importante que alguna persona conozca nuestra actividad, recorrido y horario para dar la voz de alarma en caso de tardanza.


Fauna y flora 

 AUNQUE en el Pirineo no menudean las reses bravas, el comportamiento del ganado vacuno es imprevisible. En todo caso, ante la presencia de animales, ya sean vacas, ovejas o caballos, hay que dudar de la potabilidad del agua que puede estar contaminada con sus heces. También hemos de tener en cuenta la presencia de muros, cercas o alambradas, y sobre todo de los llamados "pastores eléctricos" o cercados de alambre electrificados. Siempre que nuestro recorrido nos obligue a abrir la puerta de un cercado hay que dejarla cerrada.
En cuanto a la fauna salvaje, quizá el mayor peligro no venga de los animales de gran porte, sino de los más pequeños. Reptiles, arácnidos e insectos pueden aparecer súbitamente al mover una piedra o sentarnos despreocupadamente en el suelo. No existen en el Pirineo especies cuya mordedura o picadura constituya un riesgo letal, pero algunas personas pueden tener reacciones alérgicas extremadamente virulentas ante una simple picadura de abeja o avispa.
La gran diversidad botánica del Pirineo constituye uno de los mayores alicientes de su riqueza natural. Sin embargo algunas especies pueden suponer un riesgo importante para nuestra salud por su toxicidad. Hay que evitar siempre la ingestión de cualquier fruto o vegetal que no conozcamos perfectamente. Algunas especies arbóreas, como el tejo, son mortales de necesidad, por no hablar de las siempre codiciadas setas. Otras plantas, como la belladona, tienen efectos tan alucinógenos como tóxicos, siendo mejor no llegar ni a tocarlas. Tengamos en cuenta también las alergias, irritaciones, picores o erupciones que el contacto con algunos vegetales puede provocarnos.


Ardientes situaciones

 FINALMENTE, conviene detenerse en los incendios forestales, que suponen un riesgo manifiesto y grave para quienes se encuentren en sus inmediaciones o acudan a extinguirlos. Ante un conato de incendio muy reducido, intentar apagarlo puede ser la actuación más segura, siempre que lo hagamos bien, y nunca en solitario. En el caso de tener que huir para ponernos a salvo, lo haremos siempre que sea posible monte abajo, ya que las llamas tenderán a ascender por las laderas. Los cauces de agua pueden ser buenas vías de escape, pero no las gargantas angostas. No sería necesario recordar que no hay que dar pie a estas situaciones encendiendo hogueras, arrojando cigarrillos o rompiendo botellas que pueden actuar como lupas.

Miguel ORTEGO

 

 

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