Julio/Agosto 2000
Número 47.

Portada: ermita románica de Sant Quirc en Ribagorza.

 

 

Más allá de las modas y el comercio, Andorra se ofrece como un paraíso para el montañero, un terreno de aventura salvaje y austero. En estas páginas se presenta una travesía por la frontera norte, a caballo entre la región de la Ariège y este pequeño país enteramente pirenaico, que nos permitirá reencontrarnos con la más pura esencia de la cordillera

TRAS la imagen extendida de un país turístico y comercial, volcado en los deportes de invierno, hay una Andorra poco menos que desconocida. Una tierra plagada de ricos y variados paisajes montañeses, de lagos y cumbres, de rincones solitarios y tranquilos. Un paraíso para el montañero que busca dónde perderse -o acaso dónde refugiarse- lejos de las aglomeraciones, tan frecuentes en verano en las principales cimas de la cordillera.
Misteriosamente parece como si estas montañas, tan deseadas en invierno, entrasen después de las nieves en un letargo estival. El olvido quizás se deba al aspecto generalmente apacible y discreto de sus cumbres. O quizás el motivo de esta transformación haya que buscarlo en la relativa modestia de sus cotas, pues la cumbre de mayor altura, el Comapedrosa, sólo alcanza los 2.942 metros. Por una u otra razón, lo cierto es que estas montañas son menos visitadas de lo que merecen, siendo infrecuente, coleccionistas aparte, que nombres como los de Font Blanca, Casamanya, Pala de Jan o Cabaneta, por ejemplo, se cuenten entre los objetivos montañeros.


PAISAJES VARIADOS

 ESTA región muestra una clara transición entre las montañas del Pirineo Oriental, amables y luminosas, y las agrestes cimas del Pallars. El aire del Mediterráneo, que entra a oleadas por el sur, se mezcla armoniosamente con el del Atlántico, después de esculpir las vertientes norte de un modo peculiar. En los valles se alternan los canchales con el prado, el pino con el abedul, el avellano y la haya; los lagos, entre enigmáticos y acogedores, con la aridez de sus cuencas... todo dispuesto para regalarnos paisajes bellos y variados, en los que destaca una extraordinaria riqueza vegetal. En conjunto las más de cincuenta cumbres que se encuentran en territorio andorrano son una invitación para aquel caminante que esté más movido por la contemplación y la aventura que por la fama de sus conquistas.


TERRENO ÓPTIMO

 LAS mil caras de la montaña andorrana, reflejo condensado de la variedad que caracteriza al Pirineo, pueden descubrirse en cualquiera de las travesías de varios días que se pueden abordar. El terreno es generalmente franco y por ello óptimo para las largas excursiones. Los muchos collados permiten combinaciones imaginativas y adaptadas a todos los gustos y niveles. Travesías que pueden apoyarse en una red de refugios efectiva aunque muy austera, compuesta por las tradicionales cabañas, edificadas por el gobierno andorrano en puntos estratégicos para dar cobijo a pastores y montañeros. A excepción del refugio de Comapedrosa, guardado en la temporada estival, el resto de refugios son libres, de pocas plazas y equipados con lo justo para pasar la noche a cubierto pero en estrecho contacto con la naturaleza.
Toda Andorra es zona propicia para realizar ascensiones y travesías. Al sudeste el conjunto de Monturull-Perafita, fronterizo con la región catalana de Estanys de la Pera, supone una puerta natural hacia la Cerdanya y un buen lugar para la contemplación. Hacia el este la estación de Grau Roig resta atractivo a las excursiones, aunque el circo de Pessons, sembrado con mil lagos, y el emblemático Pic Negre bien merecen una visita.


SEMANA DE SILENCIO

 POR encima de la carretera del Pas de la Casa, al nordeste, encontramos el valle de Incles, bien modelado y base de numerosas ascensiones a las cumbres que circundan los lagos de Siscaró, Juclar y Fontargente. A partir de esta zona la cordillera se extiende de este a oeste, casi rectilínea. A lo largo de más de 25 kilómetros un rosario de cumbres brinda al excursionista muchas posibilidades de descubrimiento. Finalmente al oeste se encuentra el atractivo conjunto del Comapedrosa, el más visitado, y que permite combinar la ascensión de las cumbres principales con la visita del todo recomendable circo de Baiau.
Presentamos a continuación una travesía de una semana, siguiendo el cordal norte, que aúna todas las características que hemos destacado: aislamiento, dureza, placidez y variedad. Un recorrido que está animado por el deseo de atravesar Andorra desde las alturas, siguiendo el eje principal de la cordillera. El sabor del aire en las cumbres y el descanso en los refugios, contrasta poderosamente con el bullicio que imaginamos en los centros comerciales de la capital.

Jordi LONGÁS

 

 

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