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 Peter Mathis
Septiembre 2000 Número 165
Portada: Beat Kammerlander, en Pyromania (5.13b 7c+/8a), en Needles, California.
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Actualidad

El mundo de la expediciones comerciales fue el tema de debate de la mesa redonda que se celebró en la última edición de la Semana de Montaña y Escalada de Benasque, dentro de los actos del FIDEM, el pasado mes de junio.
LOS invitados al debate eran destacados personajes del panorama alpinístico nacional, así como experimentados guías de montaña. Con la presencia de guías de montaña también entre el público asistente, se inició un coloquio en el que los invitados se centraron inicialmente en lo que ellos entendían por expediciones comerciales, término que para algunos, como Juan Carlos Gómez (guía) y José Ramón Bacelar (director de una agencia), resulta peyorativo. Se hizo una clara distinción
entre lo que supone hablar de expediciones guiadas y no guiadas (ofrecen sólo infraestructura y apoyo logístico). Para casi todos el gran problema eran las primeras. El motivo, la imposibilidad de asegurar por parte de ningún guía, tanto la consecución de la cumbre, como un determinado grado de seguridad para los clientes. Pero, a diferencia del Código de la UIAA, el límite no son los 8.000 metros. "Sus recomendaciones deberían referirse a montañas de 7.000 metros hacia arriba",
cree Juan Carlos Gómez.
Desde el público llegó una posición contraria en cuanto a la seguridad que puede garantizar un guía. Un guía en activo aseguró que cuando la conducción es de un solo cliente, sí se le puede proporcionar un alto grado de seguridad. Hay herramientas para ello, dijo, como la colaboración de sherpas y de otros guías y la indispensable ayuda del oxígeno.
Everest 1996 y guías
COMO no podía ser de otra forma, parte del debate lo acaparó la tragedia que se vivió en 1996, y la polémica actuación del guía de una de las expediciones que protagonizaron aquella dramática ascensión, el ruso Anatoli Bukreev. Para unos cometió errores (guiar sin oxígeno y abandonar a sus clientes), mientras que para otros, como Miguel A. Vidal (guía), sólo cumplió órdenes
de su jefe de expedición y fue el responsable del rescate más importante que se ha producido en toda la historia del himalayismo. En este caso puntual se dio una fuerte competencia entre dos agencias. Además, se señalaron otros aspectos que pueden condicionar el trabajo del guía, como presiones por el hecho de que los clientes pagan por subir a la montaña, y lo hacen aunque no se encuentren en buenas condiciones o el tiempo no sea el más adecuado. También se aseguró que el
desconocimiento del grupo que tiene que conducir el guía o el elevado número de clientes que a veces presentan las expediciones dificultan mucho su labor. Chus Lago (ascendió el Everest por la cara norte en 1999) aseguró que en sus expediciones ha visto cómo se subía a rastras a clientes "hasta que vomitaran" y guías que no dudan en abandonar a sus clientes cuando tienen posibilidad de hacer cumbre. No será la norma habitual pero, cuando ocurre, se debe, según un asistente del
público, a carencias en la formación de esos guías.
Clientes y alpinistas
PARTE de la responsabilidad de que el término "expediciones comerciales" haya adquirido un matiz peyorativo en el alpinismo, reside en la disparidad de las personas que solicitan los servicios, que ha conducido a algunas agencias a ofrecer prácticamente todo para que suba cualquiera que pueda pagarlo. Tanto Juanito Oiarzábal, como Chus Lago o Juan Carlos Gómez mostraron su
preocupación por la peligrosa tendencia que hoy existe en las grandes montañas de personas que pretenden subir al Everest o al Cho Oyu con una mínimo bagaje previo en Alpes o Pirineos o incluso sin ninguna experiencia previa en ascensiones de alta montaña. El alpinista vasco lo centró además en el Everest, que catalogó como una "montaña para ricos", donde los clientes de las expediciones guiadas creen que por pagar tanto dinero y disponer de sherpas de altura, botellas de
oxígeno, tener las tiendas montadas y la comida y el té calientes van a ser capaces de llegar a la cima. A juicio de Pérez de Tudela, se comete una injusticia calificando así a todos los miembros de expediciones comerciales. Hay "alpinistas que pagan", como les denominó, montañeros de dilatada experiencia que, como único medio de viajar a determinadas montañas, aprovechan la organización de agencias comerciales.
Las agencias ofertan
ENLAZANDO con esto, desde el público se interrogó a la mesa sobre los criterios que siguen las agencias para la selección de los clientes de una expedición. Y las respuestas también fueron variadas. Para Oiarzábal, por lo que ha visto entre las agencias (ninguna agencia nacional oferta el Everest) que acuden al Everest, predominan siempre los criterios comerciales sin tener demasiado
en cuenta la experiencia alpinística necesaria que deben tener los clientes. Por parte de los guías presentes en la mesa, las empresas españolas exigen un currículum a los solicitantes, así como la realización de ascensiones previas para el buen conocimiento entre guías y clientes. Además, José R. Bacelar, Miguel Á. Vidal y Juan C. Gómez, afirmaron que las agencias nacionales que ofrecen este tipo de expediciones explican claramente sus servicios y no ofrecen la conducción por
encima de los siete mil metros. También matizaron que el problema se da cuando las agencias "venden" una montaña, ofertan a los clientes la consecución de una cumbre. Lo que una agencia debe vender es la posibilidad de estar en la montaña, nada más.
Redacción DESNIVEL
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