Desde el barranco del Poqueira, desde sus pueblos colgados en la ladera, entre lomas, destaca el Picacho. El tajo que cae desde su cima le da su silueta característica. En su cara norte, casi oculta desde aquí, atesora las paredes rocosas más verticales y extraplomadas de toda Sierra Nevada. "Da vértigo mirarlas", dicen muchos desde arriba. Pero el Picacho también produce cierto vértigo desde abajo; lo sienten los que se imaginan escalando, los que están acostumbrados al vacío, los que conocen bien el frío de la roca y el hielo de la pared en la sombra de un día de invierno, los que sin escalar admiran las montañas de abajo a arriba, los que suben con los esquís buscando pendientes suaves entre los tajos, los que se estremecen con un filo entre las nubes. Ese Picacho es el Veleta.

Ascensión desde la Alpujarra | Recordando a Aivar


Siempre fue un objetivo para los que se adentraban en Sierra Nevada. "El Picacho", era la gran montaña alta y lejana que ansiaban los viajeros románticos a su llegada a Granada, donde contrataban arrieros y caballerías para emprender la ascensión, era la aventura.
Pero a veces lo hermoso es frágil, víctima de su propia belleza. Un día de verano del año 1920, William Davenhill, cónsul británico en Granada, montañero y amante de Sierra Nevada, se encontró con el ingeniero Juan José Santa Cruz en la cima del Veleta. Santa Cruz le dijo que quería construir una carretera desde Granada hasta la cumbre. ¡Por amor de Dios, ni lo pienses ! ¡Si construyes una carretera hasta aquí arriba, llegarán autobuses de turistas, construirán hoteles, el lugar quedará arruinado! ¡ Te ruego que no lo hagas ! -exclamó Davenhill. Pero Santa Cruz no se dejó convencer y construyó su carretera, como recoge Ian Gibson en Lorca´s Granada, A Practical Guide 1992.
El propio Santa Cruz, indudable amante de Sierra Nevada, a la vez que se entregaba a la construcción de la carretera como ingeniero en aquella época donde era un éxito someter a la naturaleza, apostaba ya por la conservación de la sierra; son suyas estas palabras: "Es necesario reclamar de los poderes públicos que sea Sierra Nevada lugar que merezca la máxima protección oficial para su flora y para su fauna, lo mismo que en la geografía es el lugar prominente de la Península Ibérica. A las sociedades alpinas toca tomar la iniciativa de la demanda", que dejó escritas en La carretera de Sierra Nevada y otros escritos. En la Guerra Civil, Santa Cruz fue asesinado por los nacionales.
En 1966, lejos de la realidad en la que fue concebida, con otra red de carreteras que ya llegaba a casi todos los pueblos de la Alpujarra, se pudo hacer por primera vez en coche el recorrido del Veleta a Capileira atravesando el corazón de Sierra Nevada. De esta forma, en verano, los coches invadían las alturas, y anulaban el carácter salvaje de la alta montaña. El Veleta se convirtió en la cumbre que albergaba "la carretera más alta de Europa"; como si esta vanidad le pudiera compensar lo mucho que había perdido.
Desde que se llegó por primera vez en coche en 1935, la cumbre del Veleta ha ido sufriendo una degradación progresiva, ha permanecido accesible a vehículos, tiene un bosque de antenas, un refugio observatorio ruinoso y sin uso, en verano se instalaban quioscos y se parecía más a una feria que a una montaña evocadora de sueños. Sus laderas hacia los valles del Dílar y Monachil albergan la estación de esquí de Sierra Nevada; hubo una estación de telecabina en su cumbre, que los vientos "aconsejaron" desmontar. A pesar de todo los telesillas y telesquís suben hasta sus inmediaciones. Hubo un proyecto de restaurante giratorio para la cima. Otro de Mirador Subterráneo. Todo esto le ha ocurrido por su belleza, por sus encantos, que han atraído a tantos y tan distintos amantes.
¿Cuántas formas de querer al Veleta hay? Hay "amantes" que domestican a su amado/amada, quitándoles su libertad, su bravura, empequeñeciéndolos, para poder disponer fácilmente de ellos, o de lo que queda de ellos, en el momento que se les antoje, sin tener que realizar la conquista permanente de lo que está realmente vivo, libre, entero y salvaje. ¡Y sin embargo, el Veleta, todavía resiste!
Ante tanto envite, a la cima del Veleta le hacía falta ya una defensa seria, y le llegó dentro de un reciente Plan de Restauración de las Altas Cumbres de Sierra Nevada, elaborado por el Parque Natural, y creemos que asumido por el nuevo Parque Nacional. Esperemos que pronto se lleve a cabo, que desaparezcan las antenas y edificaciones de la cima, que desaparezca el último tramo de carretera para convertirse en un sendero, y que al menos los últimos metros del Picacho vuelvan a lo que nunca debieron dejar de ser, un rincón salvaje. Ya se han dado los primeros pasos, y desde hace 3 años el tráfico ha quedado cortado desde el cruce de Borreguiles. Hay esperanza, y aunque nunca será como antes de 1935, todavía queda terreno de juego en el Veleta para vivir la aventura. El Veleta es más grande que sus hectáreas, es alta montaña, se ha resistido bastante, y todavía guarda fuerza. Para poder sentirla no hay más que entrar por sus paredes, por el Guarnón o por el Poqueira, sobre todo un día de invierno. Todavía no han podido con él, es una gran montaña. La subida que se propone en este artículo, os hará sentirla así.

 

 

UNA ASCENSIÓN DURA DESDE LA ALPUJARRA


33ic.jpg (54322 bytes)ENTRAR por la Alpujarra, tiene un sabor especial. En estos días de invierno, el ambiente es magnífico, y las primeras nevadas han llegado a los tejados de launa de Pampaneira, el más bajo de los tres pueblecitos del barranco. Los niños, que no han podido ir a la escuela al cortarse la carretera, celebran la nieve, que ya se hacía esperar. Bubión y Capileira aparecen por encima entre los claros de las nubes y con suerte entre nevada y nevada asoma el Veleta sobre todos. Estos pueblos, son de los pocos que aún conservan la arquitectura norteafricana que los beréberes introdujeron en la zona: muros de barro y piedra sin labrar, techos planos cubiertos de launa, con aleros de pizarra oscura y anchas chimeneas sobre los terrados de color gris azulado que las cubren. No son galaicos los topónimos Pampaneira y Capileira, como generalmente se ha creído; derivan de términos latinos, "pampinarius", lugar abundante en pámpanos o viñedos, y "capillaria", cabellera y por extensión cabecera, como ha estudiado Miguel J. Carrascosa. Ojalá que estos pueblos no se estropeen. ¡Pediros allí un soplillo!: repostería morisca. Por pedir lo pedimos todo, más nieve y un claro para subir al Veleta.
Partir desde la Cebadilla tiene su encanto. A medida que nos acercamos por la pista entramos en el fondo del barranco, donde la central eléctrica del Poqueira nos recibe con sus rumores; en sus entrañas se deshacen las aguas de los ríos Veleta y Lagunillos, captadas mucho más arriba y conducidas por acequias a la cámara de carga, para luego caer directas a la central por la tubería que nos guiará en la primera parte de nuestra subida.
En loma Púa no hay un solo metro de carretera. Apenas se remontan las primeras revueltas de la vereda, entre castaños y cortijillos, el Mulhacén aparece frente a nosotros. Poco a poco se va ganando perspectiva al salir de la caja del barranco, y la mayoría del recorrido es un espectacular mirador sobre el Pico del Tajo de los Machos, Elorrieta, Tajos de la Virgen, Veleta, Cerro de los Machos, Raspones de Río Seco, Loma Pelada y Mulhacén. De todos, al caminar por loma Púa, el Veleta es el objetivo, el final de una extensísima loma que nos permite caminar relajados y seguros la mayor parte del recorrido.
Si no sopla el viento y el sol templa, el Pico del Sabinar viene bien para echar un buen rato recreándose, o evaluar cómo vamos de tiempo para concluir esta dura ascensión a una hora en que la nieve todavía se mantenga en condiciones para el descenso. Sólo la subida final al puntal de loma Púa desentona con la suavidad del resto del itinerario; puede entrañar a veces cierto riesgo de avalancha y dificultad, obligarnos a descalzarnos los esquís y poner crampones para remontarlo.
El descenso suele ser magnífico, con nieve frecuentemente transformada en toda loma Púa, y sin grandes pendientes, salvo la pala del puntal. Sin grandes dificultades, seguro y espectacular; sin embargo, hay que reconocer que se trata de un recorrido largo, exigente. Se puede disfrutar de una excelente media ración llegando solo hasta el Pico del Sabinar, o de algo más, volviendo desde el puntal de loma Púa si no queremos entrar en la zona de pistas.
A pesar de los últimos metros "domesticados" en la cumbre, ésta es una de las excursiones de esquí más fuertes de la sierra. Subir el Veleta desde La Cebadilla es "subida especial". Parece como si la sangre que los hombres le intentan sacar a este pico en la cara noroeste escapara al sur, por donde el Veleta en invierno continua siendo una gran montaña salvaje.

 

 

RECORDANDO A AIVAR

NO hace mucho, José Martín Aivar, veterano montañero, primer presidente de la Federación Andaluza de Montañismo, y enamorado del esquí de montaña, a sus ochenta y cuatro años, me envió algo de una complicidad entrañable. En su carta me decía: "Te pongo en esta también una foto del Veleta virgen, sin edificios ni postes "postizos". Aunque ahora se haya quedado bastante despejado, es irrepetible." José Martín Aivar ha fallecido recientemente. He vuelto a coger su foto; en el reverso él había escrito algo que yo no vi: "Un Veleta limpio".

 

 

 

Lorenzo ARRIBAS

 

 

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