NO podía haber encontrado unas condiciones
más desfavorables. El hielo que no es hielo, sino que se
estrella pavorosamente líquido sobre su cabeza, se introduce
por todas partes para después congelarse sobre él bloqueando
hasta el menor movimiento. Escala sobre agua, barro, polvo de
nieve. De noche, de día, perdiendo el sentido del tiempo, de
las cotas, esquivando todo lo que la pared es capaz de vomitarle
encima: piedras, aludes, seracs... Piolet-roca en la zona de la
muerte, travesías que supera con los equilibrios más
insospechados, levantando las piernas incluso por encima de la
cabeza y tirando para llegar a los lugares más seguros de una
pared que no puede ser más gigantesca; que se mueve como un
ciempiés y que corta como una guillotina; que se transforma en
mantis religiosa y le golpea.
Viéndole
aquí, en el saloncito de su casa de la ciudad eslovena de
Kamrik, sano y salvo, con ese espíritu despreocupado pero con
los pies siempre en la tierra y siempre atento, no se diría que
esa escalada en solitario fuera tan dura. Porque Tomaz sonríe,
nunca comenta los momentos de verdadero abatimiento, no le gusta
especular sobre los sufrimientos físicos ni sobre los riesgos
que supone una escalada. Ni siquiera se para a pensar en ello
porque sabe que constituyen una parte necesaria de su alpinismo.
Tan improbable era esa ascensión que no existía fuerza humana
capaz de imaginarla. Ni antes, ni después.
Ni siquiera él podía anticipar a priori cómo podía ser
aquella pared. Porque todo lo que en la foto parecía lógico,
sobre el terreno se convertía en pasajes infranqueables. O
quizá fuera precisamente lo imprevisible lo que llegó a
prever. La sensación de desazón escalando algún largo o en
las repisas donde uno se encuentra literalmente engullido por el
vacío, la oscuridad, el estruendo de la montaña que no para de
agitarse un solo instante. Por eso Humar lleva consigo sólo lo
que considera más útil, lo mínimo, lo indispensable, y lo
carga todo a su espalda. Pero sobre todo se lleva la
concentración, la determinación y la intuición que él llama
el tercer ojo.
Su "antes" eran los libros. Imágenes captadas por el
maestro (así le llama), Bela Stane Srauf, que fue más que un
padre para su alpinismo, y quien en 1981 llegó a la cara sur
para abrir una vía por el centro de la montaña de las
tormentas, que es lo que significa Dhaulagiri. El sueño de
Srauf, en parte ya desvanecido, se introduce bajo la piel de
Tomaz y se convierte en una obsesión que le lleva desde vías
de hielo de 80°/90° en solo al Annapurna I, al Ama Dablam, al
Bobaye, al Nuptse 2. Cinco años de alpinismo extremo, cada vez
más en solitario por lógica elección. Pero siempre a la
espera de que la montaña le acepte, le tienda los brazos para
reconocerle en su reino. Tiene que percibirlo el tercer ojo, el
espíritu de la montaña. Entonces se siente preparado para la
pared, para cualquier pared.
Su "después" es el de una Eslovenia que acoge su
regreso con todos los honores. Reinhold Messner toma el avión
para recibirle y le felicita públicamente conmovido y
orgulloso. Su dulce y a la vez fuerte Sergeja, su mujer, a la
que ahora llaman Hillary. Durante días le persiguen, le
reconocen por la calle, en los bares, en los restaurantes. Una
atención que, como buen manager de sí mismo, procura dejar
pasar sin perder su espíritu determinado y libre.¿Y,
entretanto? ¿Entre el "antes" y el
"después"? Entretanto, aquellos nueve días de
ascenso en solitario, en estilo alpino. Y desde el ataque, el
ser consciente de que no hay vuelta atrás.
¿Cómo
catalogas tu escalada a la cara sur del Dhaulagiri?
La Sur tiene de todo. Es la pared más grande de Nepal, es
extremadamente extraplomada y escarpada. Es la pared por
excelencia, más de 4.000 metros, el sueño del maestro Srauf.
La idea nació también gracias a él. Por eso la elegí. Es mi
nirvana. La coloco por encima de mis actuales ascensos; y
además están esos 1.700 metros de roca... No me gusta
demasiado escalar en solitario sobre roca porque se va más
lento.
¿Cómo fue el inicio?
Duro. Fue el momento en que sentí miedo. Porque, de verdad,
uno no puede imaginarse esta pared hasta que no la tiene encima,
hasta que no estás en medio. Gigantesca, 4.000 metros de hielo
casi líquido, de nieve, de roca que puede desmoronarse en
cualquier momento. Ha sido una incógnita a pesar de haberla
estudiado al detalle. La pared era distinta con relación a mis
fotos de hace diez años. Hacía demasiado calor, quería subir
por las cascadas heladas, pero las condiciones eran imposibles.
Una vez en movimiento, tuve que cambiar muchos planes. Traté de
prever distintos problemas, sobre todo pasados los 7.000 metros,
por eso llevaba conmigo 45 metros de kevlar, 5 clavijas, algún
friend, 4 tornillos de hielo, algunos cordinos. El día después
de la luna llena me puse en marcha desde el campamento base,
situado a 3.800 metros. Era el 25 de octubre.
¿Dónde preveías el primer vivac?
Mi objetivo era parar sólo una vez superada la gran
canaleta que surca la parte baja de la pared, subiendo por la
cascada helada. Pero incluso antes de llegar a su base tuve que
afrontar tres tramos de roca muy difíciles. Y una vez debajo de
la vertical de la canaleta encontré los primeros y verdaderos
problemas.
¿A qué altura estabas?
A 4.600 metros. Aunque con respecto a las cotas nunca puedo
contestar con seguridad. No llevaba altímetro, y en la pared
todo es tan enorme que se pierde la medida de las cosas. Una de
las que recuerdo con cierta precisión, es la del 31 de octubre,
en el sexto vivac, porque había llegado a la vía de los
Japoneses, por lo que tenía puntos de referencia más precisos.
Además fue el mismo día en que, en el 97, Jeglic desapareció
en la cara oeste del Nuptse W2 cuando estábamos juntos. Recé
por él.
¿Y una vez bajo la canaleta?
Perdí la noción del tiempo: Hago varios intentos durante
toda la noche en fases alternas. Trato de superar esta canaleta
subiendo por la cascada. No cesan de caer sobre mí avalanchas y
masas de agua que una y otra vez me rechazan. Ya son las 5 de la
mañana. Paro durante tres horas reanudo los intentos pero la
cascada es impracticable. A las 5 de la tarde del 26 de octubre,
decido que la única posibilidad es esperar de nuevo a que
anochezca y seguir para arriba con el frío. Espero hasta las 11
de la noche y empiezo a escalar 15 o 20 metros como mucho sobre
un hielo muy escarpado. El agua sigue cayéndome encima, incluso
en plena noche, mezclada con nieve. Estoy completamente helado.
Mi única alternativa es salir a la derecha de la canaleta y
encontrar un paso por el torreón de roca. Pero decido partir
con la luz del día y a las dos de la madrugada monto el primer
vivac.
Entonces, el 27 de octubre, por la mañana reemprendes la
ascensión sobre roca del que tú llamas el primer pilar.
Sí. A las ocho de la mañana del tercer día.
En los tramos fáciles subo con el macuto, pero en los más
difíciles lo dejo y lo recojo después. En los largos
extraplomados y difíciles, me autoaseguro. No es posible
utilizar demasiado material para la progresión. Algunos friends
y clavijas que recupero más tarde cuando bajo a recoger el
macuto. En los desplomes, rapelo autoasegurado de un prusik por
el kevlar de 5 milímetros. Escalo sin descanso. Me caen tres
aludes de nieve y la primera tarde llego a un tramo mixto. Desde
aquí me parece divisar una terraza. "¡En efecto! He
encontrado el paso". Se lo digo a Stipe Bozic, con quien me
comunico por el walkie-talkie. Vuelvo atrás, recojo el macuto,
subo otra vez, y me encuentro con estas enormes pizarras negras
que es preciso escalar. Y otra vez para arriba aunque sea casi
de noche. Después tengo que superar unos finísimos y
fragilísimos pasillos de hielo, nieve y una roca espantosa muy
difíciles de superar (M6). Estoy convencido de que estoy fuera.
Y, sin embargo, me encuentro ante un tramo muy delicado, una
pendiente de 70º-80º y, justo en el medio, un bloque parecido
a una gigantesca nuez de coco. Está oscuro. Más o menos las 7
de la tarde. Tengo que escalarlo como un chimpancé y llego a un
punto en el que no puedo ni avanzar ni retroceder. No hay
fisuras, de manera que entre la roca y el hielo coloco un friend
y me cuelgo, y entre "giiing" y "giiing"
comienzo a hacer un pequeño balanceo excesivamente expuesto:
20-25 metros de travesía. No hay forma de enganchar nada. Fue
una de las cosas más difíciles que haya podido hacer jamás.
La catalogué como M7 aunque eso es irrelevante. Al final del
tramo, debajo de un pequeño saliente, me veo obligado a
esperar. Espero durante horas, quizá ya sea el día siguiente.
Desde arriba es el infierno. Avalanchas de nieve, piedras y
hielo. La temperatura es la más elevada de todo el ascenso.
Finalmente logro salir, y sobre mixto llego al segundo pilar
donde hago el segundo vivac.
(Por lógica el péndulo lo ha clasificado como A0 porque cuelga
de una cuerda. Pero se ríe y subraya que se trataba de una
protección más que nada psicológica.
¿El paso de M7 ha sido el punto más
difícil de tu ascensión?
No. Lo peor vino después: el 28 de octubre, en el segundo
pilar. Salgo a primera hora de la tarde para acometerlo. Es más
corto que el primero aunque con unos tramos de verdadera
dificultad hasta VII (6b) y M7+. En la primera parte la roca
está realmente descompuesta. No consigo en ningún momento
fijar una protección fiable: cuando desciendo en rápel para
recuperar el macuto, con una mano agarro el descensor y con la
otra me empotro en la roca. Sé que tengo que escalar esta
sección antes de que se haga de noche. Subo, bajo y vuelvo a
subir. Y en el punto que extraploma, me cuesta Dios y ayuda
deslizar el prusik con los guantes puestos. Me veo obligado a
quitármelos y acabo con las manos machacadas. Duele bastante.
Ya estoy en la parte superior del segundo pilar. En este punto
arriesgo mucho. También me duele la pierna. Al empezar el día
me golpeé con una piedra bastante gorda de forma tan brutal que
creía habérmela roto. Llega un momento en que no consigo
avanzar. Me encuentro literalmente debajo de incesantes cascadas
de agua y nieve. Tengo que llegar a una repisa alucinante.
Procuro quitarle la nieve de encima y con algunas maniobras de
contorsionista consigo colocarme sobre ella. Estoy completamente
empapado y el agua se me hiela por dentro, y se rompe en mil
pedacitos a cada movimiento y me hace sentir como un robot.
Aquí ya tengo los dedos de los pies enteramente dormidos por el
frío. De nuevo estoy bloqueado. Tengo el macuto. La noche cae
lentamente. Para los siguientes 50 metros invierto dos horas. La
pared está esmaltada, con una pendiente de 90º, y debajo de
los 10 centímetros de nieve polvo está la roca que parece más
bien arena. Es todo polvo. Aún no sé cómo he podido superar
este paso. En este punto me encontraba realmente al límite, al
límite entre la vida y la muerte. Y después de estos 50 m de
travesía (M7+) llego a este campo de nieve. Me resguardo en una
especie de cueva, un lugar protegido de las avalanchas que a la
mañana siguiente seguían cayendo sin tregua a pocos pasos de
donde me encontraba. Es completamente de noche y estoy en el
tercer vivac. (2 AM del 29 de octubre).
¿Qué es lo que más te ha ayudado en los
momentos más difíciles?
Un zapatito. El de mi hija mayor, Úrsula, que ahora tiene
ocho años. Lo llevo siempre conmigo en el fondo del macuto. Me
trae suerte en los ascensos más arriesgados. También los
mensajes que me envían por radio, los correos electrónicos que
me llegan a través de la página de Internet que transmitía en
directo mi ascenso en esloveno y en inglés.
¿Cuántos e-mail has recibido?
En los momentos de máxima dificultad el correo electrónico
no paraba. Y mis compañeros del campamento base me los leían
por el walkie-talkie. Me quedé sorprendido al ver que gente
desconocida que ni siquiera pertenecía al mundo de la montaña,
me escribía. En conjunto, mi página batió el récord esloveno
de visitantes. Durante todo el día del 2 de noviembre se
registraron más de 1.700.000 clic con 50.000 visitantes que me
seguían desde la red. Aquel día recibí 550 e-mail.
Volvamos al ascenso. ¿Qué pasó entre el
tercer y cuarto vivac?
El 29 de octubre hubo continuas descargas de hielo, roca y
nieve desde la zona central de la pared. Tenía que superar un
millón de aristas finísimas, una detrás de otra. Y desde mi
posición divisaba ese gran serac. Era la cabeza de la gran
Bogomoljka, la mantis religiosa, con su horrible boca abierta.
Sus largas patas parecían llegar hasta el suelo, querían
golpearme como hoces afiladas. Subo sobre el filo de una arista.
Tengo que cruzar el gran canal y quedarme en el lado izquierdo.
Hago tres intentos y a mitad de camino empiezan a caer desde
arriba descargas, bombas de hielo, aludes... Por suerte, donde
me encuentro, me protege una pequeña arista. Veo todo lo que
cae delante de mi cabeza. ¡Jesús!... pero por fin llego al
cuarto vivac. Una vez aquí con la hoja del cuchillo me abro una
muela que me está atormentando. Tenía un granuloma, consigo
reventarlo y, ahhh, me dormí.
El 30 de octubre llegaste a la cabeza del Bogomoljka, la
mantis religiosa, y allí montaste tu quinto vivac.
Sí, no tuve demasiados problemas aquel día. Seguí escalando
entre peligrosos seracs y luego monté la tienda en una gran
grieta a unos 7.100 metros. Era la sexta noche en la pared.
El 31 de octubre decidiste afrontar mil metros de travesía para
llegar a la vía de los Japoneses
He tardado demasiados días para llegar a este punto y ahora me
queda muy poco gas para el infiernillo. No quiero repetir la
aventura del Nuptse y sé que para el descenso necesitaré al
menos media bombona. Seguir en línea recta es impensable. La
franja superior de roca es extraplomada, de una roca espantosa.
Me doy cuenta que las reuniones no me iban a proporcionar ni un
mínimo de seguridad. Lo único era afrontar la travesía.
Había que superar una infinidad de pasillos como tubos de
órgano, con un tramo de roca de Vº grado. Ni siquiera se ve en
las fotos. Después escalo otros tubos de órgano y un pasillo
mixto de VI+ para llegar a la vía de los Japoneses y aquí en
la arista, a unos 7.300 metros, encuentro un clavo y huellas de
su ascensión. Monto un vivac muy cerca.
¿Contabas con llegar a la cima al día
siguiente?
Salí al día siguiente dejando atrás la tienda y todo
cuanto consideré inútil. Quería llegar ligero a la cima.
Tenía miedo de ser arrastrado por el viento si llevaba una
mochila demasiado voluminosa. Escalo sobre terreno mixto. El
tiempo no es bueno. Tengo miedo de que me caiga un rayo y me
deje seco. Llega un momento en que el filo entre la pared este y
sur se hace demasiado rocoso y es muy difícil. No logro avanzar
más. Estoy a mitad de camino entre los campamentos VI y VII. Me
desplazo de nuevo hacia el centro de la pared sur. Y en el
último momento hay un paso extremo. Un tramo vertical a 7.600
metros sobre terreno mixto. Aquí hice acopio de toda mi fuerza
para poder superarlo en dry tooling.
¿Dry tooling a 7.600 metros? Puede que seas el único en el
mundo...
No lo sé. Sólo sé que, al final de la jornada, cuando hice el
vivac alrededor de los 7.800 metros, mi extenuación era tan
grande que estaba convencido de que iba a sufrir un edema. El
frío que hacía era terrible. Por supuesto, no llevaba la
tienda, sino sólo el saco.
Al día siguiente, el 2 de noviembre a las 14:33 saliste de la
pared...
Sí. Aparecí de nuevo en la arista sureste. Me hallaba en el
punto más alto de mi ascensión, a unos 8.000 metros, y mi
línea en la pared sur había concluido. Había alcanzado mi
nirvana.
¿Y la cima?
La cima habría sido el punto sobre la i.
Tomaz, ¿Qué te imaginabas en el supuesto de
haber tenido éxito, como al final ha ocurrido?
Personalmente esperaba que iba a alcanzar mi nirvana, pero al
mismo tiempo sabía que este ascenso no iba a tener un valor
exclusivamente personal. Cuando se acometen paredes de este
tipo, uno adquiere una responsabilidad ante todo el mundo del
alpinismo. Por eso Stipe Bozic rodó una película desde el
campamento base, por Internet transmitíamos el ascenso y yo
sacaba fotos...
Después del "nirvana" ¿cuál
será la próxima elección?
Si miro hacia adelante, veo que hay tantas paredes... La
travesía del Lhotse, la directa por la cara oeste del Makalu...
Siempre habrá retos pero eso depende de muchas cosas y sobre
todo del tercer ojo. El dinero, las dificultades no importan
tanto. Voy a cualquier pared, sólo cuando siento que la
montaña me va a acoger. Es en ese momento cuando decido partir.
Reinhold Messner acudió a recibirte a tu llegada a
Eslovenia. ¿Qué ha significado esto para ti?
Una sorpresa, una emoción muy fuerte, un gran honor. Porque él
ha sido el hombre oportuno en el lugar oportuno en el momento
oportuno. Siempre ha estado dos escalones por delante de los
demás. Después de todo hay un solo Buda, un solo Cristo, un
solo...
Antonella CICOGNA
Traducción: María José LÓPEZ
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