está en exceso transitado, admirado y mitificado, sin embargo, para el colectivo montañero nacional es poco conocido, quizá porque no merezca la perna coger un avión para hacer un tresmil, pese a que este sea, con sus 3.717m, el punto más alto de todo el territorio español.

 

Los relatos anteriores a nuestra época consideraban el Teide el punto más alto de la Atlántida, el verdadero monte Atlas, emergiendo del océano, tan alto que no era visible su cima. Posteriormente, en tiempos de Plinio, en el siglo I dc, se llamó Nivaria a la isla nevada que los aborígenes palmeros conocían como Tenerife (Tene=monte, Ife=blanco). Los navegantes de siglos posteriores veían el Teide lejano, elevado, emergiendo por encima de todo, incluso vieron salir de su cumbre de fuego, humo y cenizas, era la isla del Infierno para los mercaderes mallorquines, portugueses, genoveses, etcétera, que durante la Edad Media visitaban ocasionalmente Las Canarias. Son frecuentes los grabados que divulgaban una imagen irreal del pico de Tenerife como un risco de aspecto atormentado y a veces glacial, sobresaliendo por encima de las nubes. De estas visiones alejadas nació una larga tradición legendaria sobre el Teide en los pueblos europeos, en cuya cultura el gigantesco volcán se insertó como una montaña cargada de símbolos.

Cerca del volcán, no obstante, han estado siempre los guanches de Tenerife. Sus pastores, desde que el volcán se llamaba Echeyde, conocían con detalle sus cañadas, sus lavas, conos, accesos, neveros, cuevas y cráteres; transitaban por sus flancos y vivían pasajeramente en ellos. Los descendientes de éstos fueron los guías de los primeros científicos y viajeros que se interesaban por el Teide.

40ia.jpg (124039 bytes)Así, la primera referencia histórica conocida de una ascensión al pico de Tenerife la tenemos de manos del ingeniero italiano Leonardo Torriani hacia 1590, noventa y cinco años después de la conquista española de la isla. No tenemos en cuenta la ascensión en 1582 de Scory por ser bastante dudosa, al menos documentalmente. El astrónomo y botánico Louis Feuillée efectúa la cuarta de las conocidas en 1724, con intención de medir la altura del Teide. Aunque el resultado no fue acertado (4.313 m), fue la primera medición científica llevada a cabo sobre la altitud de la famosa montaña. El geodesta Charles Borda obtuvo en 1776 una altura de 3.712,8 m, que constituyó la primera determinación exacta de la altitud del pico sobre el nivel del mar. Posteriormente se repitieron los relatos de viajeros como Humbolt o Berthelot, entre muchos otros, siempre con fines científicos.

 

Primera invernal en 1867

LA primera ascensión invernal conocida se produce en 1867. El zoólogo alemán Ernst Haeckel y German Wildpret que hacen uso de botas claveteadas y un martillo de alpinista con el que pudo tallar escalones, materiales que no tuvo en 1797 el capitán Baudín que resbaló ascendiendo al cono y cayó doscientos metros más abajo en la rambleta.
En 1889 llega a Tenerife el inglés George Graham Toler en busca de una cura para el mal que le aquejaba, la tuberculosis. El contacto con la naturaleza y su admiración por ésta hace que se obsesione con el Teide hasta tal punto que hizo construir un cobijo para los excursionistas que subían al pico, el refugio de Altavista, y que desde su inauguración en 1891 ha tenido un flujo constante de excursionistas que podían alojarse y descansar en esta construcción que poseía tres habitaciones: una para las señoras, otra para los caballeros y otra para los guías, así como cuadras para mulas.
Entre los guías locales destacó, a finales del siglo XIX José El Moño, quien ejerció durante cincuenta años el oficio de guía en el Teide. Su hijo José Bethencourt y Miranda empezó a subir al pico a los siete años, y a ejercer como guía a los once, hasta que con 27 años ya había realizado 956 ascensiones. Él fue durante mucho tiempo el único guía oficial del Teide, con nombramiento del municipio de la Orotava, y a él se debió la colocación del buzón en la cumbre. Allí permaneció hasta la construcción del teleférico en el 1959 (aunque hasta 1971 no hizo el primer viaje oficial), con la que se bajó el último libro. Ya no tenía sentido que permaneciera allí.
Con la llegada a las islas del montañismo como deporte, se empezó a ver el Teide más con esta visión.

El alpinismo de Tejedor

FUE a principios de los sesenta cuando llega César Tejedor a la isla de Tenerife; con experiencia en Pirineos y Alpes, encuentra en las heladas pendientes de la cara norte del Teide un terreno virgen para futuras ascensiones y así, a la vez que se inaugura el Grupo Montañero de Tenerife en 1963, se producen las primeras ascensiones a los corredores de la norte: "El corredor de la isla", "Los corredores de Munich" y, posteriormente, el "Corredor de Mario", pendientes heladas de hasta 2.000 m de desnivel que culminan en el pico del Teide. El 28 de diciembre de 1968 una cordada formada por Tejedor, Valencia y Ulises sube por el Corredor de la isla, a la altura de este montículo de rocas, Tejedor resbala y cae 500 metros por la ladera, es el primer accidente mortal conocido en el Teide. En años posteriores otros montañeros han dejado allí sus vidas.
En la siguiente década se sube al Teide en invierno por todos los sitios imaginables. En el 74 se produce la primera ascensión por el "Corredor de la Y", a cargo de Antonio R. Villar y el valenciano Miguel Díez. Llegan nuevos tiempos y nuevas rutas, el cráter del Pico Viejo se revela como el mejor terreno para la práctica de la escalada de dificultad, y así, en consonancia con los tiempos que corren, Villar y Manolo Ramos abren en invierno de 1982 "Terrodactyl" y "Las lágrimas de Shiva", entre otras, pequeñas goulottes con desniveles entre los 50 y los 100 metros, y pendientes entre los 65 y los 85°. También de esta época y en un alarde de imaginación datan los corredores de "Cho Marcial" que más que corredores son goulottes de hasta 60° y 300 m de longitud, Manolo Ramos y Sixto Cozzi son sus autores. Actualmente son el interior del cráter de Pico Viejo y la cara norte de montaña Guajara los lugares más idóneos para la práctica del alpinismo de dificultad, por supuesto siempre y cuando las condiciones lo permitan, porque al fin y al cabo estamos en Canarias.


Un poco de geología

TENERIFE empezó a formarse hace unos 7 millones de años, emergiendo en un primer momento por los vértices de Teno, Anaga y Adeje. Una prolongada actividad eruptiva conformó el actual territorio y en un proceso bastante posterior, hace unos 600.000 años, se inició la gestación del estrato volcán Teide-Pico Viejo. El cono volcánico del Teide se encuentra situado en el extremo norte de una gran caldera de 16 km de diámetro, y se eleva más de 1.700 m por encima del viejo cráter de las cañadas. En sus laderas se distinguen tres acusadas protuberancias que corresponden a otras tantas erupciones laterales: al suroeste está Pico Viejo o Montaña Chahorra, como la nombraban los guanches, con 3.134 m y un cráter de agrestes paredes de 800 m de diámetro; hacia el este surge una montaña blanca con 2.750 m; y al norte se alza el Pico Cabras o Echecere con 2.363 m. La última erupción volcánica de la zona fue en el siglo XVIII en un lugar conocido como las Narices del Teide, cercano a Pico Viejo.
La importancia geológica y botánica de la zona propició su declaración como Parque Nacional en 1954. Sólo las zonas más altas aparecen completamente despobladas de vegetación por no haberse podido formar un suelo orgánico. En el resto del parque son frecuentes las especies endémicas de las islas e incluso del parque. Respeta el entorno.

Javier MARTÍN



EL aire andaba espeso, turbio y ardiente. Las nubes se arremolinaban tropezando entre ellas, también las aguas del mar andaban revueltas. Los animales estaban inquietos. Hasta la coruja, que sólo merodea en lo oscuro, voló bajo la luz. Aquellos signos presagiaban que Guayota estaba próximo. Apareció Guayota y se apoderó de Magec, el sol, dejando el cielo a oscuras. Todo fue una noche cuando aún era el día. Rogaron entonces a Achamán los guanches para que tuviera misericordia, que devolviese al día sus luces, que su poder librase de todo daño. Achamán atendió las súplicas y acudió dispuesto a defenderlos. Guayota, con Magec prisionero, se había ocultado en los adentros de Echeyde. Allí fue a buscarle Achaman. Cuando lo halló, el suelo se abrió en truenos, estampidos y temblores que aturdían a las islas más lejanas. fue el comienzo del combate. Por el cráter de Echeyede Guayota arrojaba humos, peñascos encendidos, lenguas de lava, azufres y escorias con los que intentaba doblar a Achaman. Aire y cielo se convirtieron en un lamedal hirviente tan encendido en brasas que causaba espanto. Y prosiguió Guayota vomitando fuegos hasta que Achamán, al fin, logró vencerle. Como castigo a su maldad lo encerrró para siempre dentro de Echeyde. Después devolvió a Magec al cielo para que siguiera iluminando la tierra, y enseguida el día volvió a ser día y se aquietaron las aguas y las nubes. Guayota, cautivo desde entonces, aún respira en lo más alto de Echeyde.

Sabas MartÍn

Ritos y leyendas Guanches

 

 

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