Editorial

 

             

Con espíritu montañero

EN este número, publicamos un artículo sobre el sentimiento de las montañas escrito por Eduardo Martínez de Pisón: el Sentimiento 2000, que es mucho más importante que el manido efecto 2000 en cualquier ámbito de la historia de la humanidad. Repasar qué ha ido dejando el hombre en la montaña y ésta en el hombre, aun sin mayor ambición que durante el último siglo, y reflexionar un instante sobre ello será bueno para amueblar nuestra cabeza.
Al lado del sentimiento del montañismo, está el denominable espíritu del montañero, la ética con la que cada uno aborda ese sentimiento que a todos "se le supone". En ocasiones, sentimiento y espíritu coinciden; otras, de verdad, cada vez entiendo menos qué ocurre.
Este ejemplo ya se ha escrito muchas veces. Kurt Diemberger y tres compañeros, entre ellos Hermann Buhl, en 1957, se bajaron desde la antecima del Broad Peak y días después volvieron a la montaña porque se habían dado cuenta de que la cumbre estaba más lejos. Por una hora de ida y menos de 47 metros de desnivel, volvieron a subir toda la montaña. Fue una bonita primera plena de sentimiento y de espíritu.
Cuarenta años después, en busca del espíritu del montañismo, Hans Kammerlander dejó un piolet en la cima verdadera del Broad y, cuando hablaba con los que, días después, le comentaban que habían hecho cumbre y comentaban, como de paso, sobre los objetos que había allí, él sabía quién había estado y quién no, sin que su interlocutor lo quisiera.
Hans Kammerlander estaba haciendo un trabajo periodístico de campo, en una de las cumbres donde más se pierde el denominable espíritu del montañismo, tal vez porque el sentimiento baja colmado con cima o sin ella.
Ese sentimiento no lo ponemos en duda. Y, respetándolo, creemos, en principio, en el espíritu de los montañeros, de todos los montañeros aunque a veces haya que poner mucha fe.
En lo que no creemos nunca es en la información incompleta. Tampoco creemos que buscar la información completa sea ir en contra del espíritu del montañismo. Y, como sabemos que en ocasiones puede no haber sido posible obtener prueba, lo que pedimos son argumentos coherentes. 

 

Cuerdas fijas

PASADO el tiempo de la conquista, el cómo se sube adquiere más relevancia. En realidad, cómo se hacen las cosas en la vida puede llegar a cambiar totalmente el sentido de un mismo hecho.
Un equipo checo (ver Info) reclama el primer ascenso del Amin Brakk atribuido en un primer momento a un grupo español. Por las condiciones de la montaña, el mal tiempo, lo poco que tardaron y una conversación por gestos, los catalanes pensaban que los checos no habrían podido hacer cumbre cuando les vieron bajar. Pero automáticamente a quienes creemos es a los checos cuando dicen que hicieron cumbre el 12 de julio.
Sin embargo, parece que somos culpables de querer saber más. Pero, para algunos, faltamos al espíritu del montañismo. Según su informe, los checos hicieron un impresionante ascenso en 11 días de pared, escalando 7b+ y 7c/A0 a vista y A4 con una caída. Son verdaderas máquinas.
Sin embargo, el equipo español les vio en los primeros largos (de V a 6c) pasar el jumar a las cuerdas que la expedición surcoreana anterior había dejado, y escalar al lado autoasegurados. ¡¿Creemos en su palabra!?, ¿no? Y es inevitable que se pase por la cabeza si el modo de ir tan rápido fue tirar de las cuerdas fijas que los surcoreanos habían dejado en 26 de los 28 largos de la pared más otros 300 metros finales de mixto. Preguntamos, pero, de nuevo, parece que las preguntas ofenden.
Si los checos hicieron cima el 12 de julio, les felicitamos; si obtuvieron su sentimiento de la montaña, también. Si el precio fue remontar por la cuerda fija surcoreana, hay dos grupos (surcoreanos y checos) a los que les importarán las cumbres, el sentimiento, lo que obtienen de la montaña, pero del espíritu que ellos aportan no quieren saber nada. Y esto no es de enhorabuena.

 

 


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