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Andrea Gallo
Desnviel
Nº156
Noviembre 1999
Portada: Sílvia y Miquel en el C3
durante el descenso
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San Bartolo
Arenisca entre mares.
Tarifa tiene dos mares, la
"mare" que parió al Levante y la "mare" que parió al Poniente. La
copla no oculta que esta estratégica plaza posee el inconveniente de estar azotada día
sí, día no, por cualquiera de los vientos reinantes en la zona. Verdad es que dos mares
la bañan, Mediterráneo y Atlántico, dándose la mano en medio del estrecho de Gibraltar, un pasillo marino que deja la costa africana a menos de 20 kilómetros.
Hasta hace muy poco tiempo, ni en Tarifa se escuchaba el fenómeno del wind, ni el turismo se dejaba ver por sus costas. Por entonces, a finales de los setenta,
empieza la escalada en San Bartolo, que no por santo, sino por topónimo, da nombre a la
crestería que se eleva cerca del Puerto de Bolonia, estribaciones de las Sierras del
Aljibe. Algecireños y jerezanos se repartieron las aperturas de las rutas más clásicas,
por las fisuras más características de lo que hoy se conoce como Placas Grandes. De las
primeras fueron "Tres clavijas" (III) y un primer largo de "Árabe
loco"(IV), realizado por unos catalanes. Es el tiempo de los Sarmiento, Nieto,
Gordillo, Muñoz, García, Martínez y Ortega, quienes atendiendo a una labor de época,
llenan de rutas, en su mayoría de marcado carácter libre, la pared suroeste. Las más
difíciles, como"Al Andalus" (V/A0) de mayo del 81, o "Equinoxio"
(V/A1), poseían algún paso de ayuda o artificial y no fue hasta 1984, cuando Andrés
Ortega, un consolidado escalador jerezano, trae nuevos conceptos a una prácticamente
estancada sociedad escaladora, y fuerza con un resuelto estilo de escalada las últimas
incógnitas.
Hacia 1985 hubo un tremendo bajón en
cuanto a la práctica de la escalada en la zona. No recuerdo prácticamente ningún fin de
semana en el que nos encontráramos con otras cordadas y, cansados de repetir los mismos
itinerarios, nos dispusimos a dar el salto a la escalada deportiva. La primera apuesta fue
"Armónica del diablo" fruto de toda una cadena de acontecimientos que
marcarían el destino de esta escuela. César García, mi hermano Óscar y yo, nos las
compusimos para en ocho horas tener una atractiva línea deportiva. Así lo recuerda mi
amigo García de Quevedo: "David quería empezar algo nuevo que ya había probado
concretamente en Los Cahorros y El Chorro. Trajo unos buriles y un cepillo de púas y nos
abrimos paso por una zona muy vertical que escondía tras el musgo, fisuras por las que
progresábamos. Nos caímos un montón de veces con una sola cuerda de 9 mm, antes de
llegar a un laurel, en el que hicimos reunión ya de noche. Abrimos "Armónica"
toda desde abajo y arriesgando bastante. La vía no era enteramente deportiva, ya que
había algún paso de fisureros y las chapas no estaban puestas, sólo las cabezas de los
tornillos. Al día siguiente escalamos la vía. Teníamos la referencia del tercer largo
de Al Andalus que era VI, y lo más difícil de la escuela, pero estaba claro que la
Armónica era el doble de difícil. No logramos hacerla en libre por completo hasta un
tiempo después".
Meses después, Óscar y yo estábamos
a pie de vía, con la intención de hacerla: "Acampamos unos días debajo de la vía,
hasta que mi hermano David logró encadenarla. Creo que le sirvió de ayuda mi consejo de
dejar las chapas puestas tras los primeros intentos. Al principio iba colocando las
recuperables desde abajo, mientras las sacaba de la bolsa de magnesio. Yo creo que era
más difícil acertar en engarzar la chapa en el tornillo que la propia vía. Había pocas
vías deportivas en Andalucía. Estuvimos en el momento adecuado para dar un cambio, que
David continuó con tesón".
No es norma común acertar con el grado
en las escuelas y más cuando se conforma de un modo tan particular como ocurrió en
ésta. Por aquel entonces, sólo alguna vía probada en Cahorros (semi equipadas), dentro
de mis posibilidades, se me asemejaba en dificultad. Por comparación mamé una
graduación "maldita", que extendí en la provincia, ya que "Armónica del
diablo" fue la primera ruta deportiva de Cádiz. Para colmo, Andy Fashwane, escalador
ingles, realizó a vista "Armónica del diablo" y me ofreció su opinión: 6b+
dijo, pero olvidó mencionar la apostilla británica E2, que situaba a la vía entre un
6c+ o 7a, según la norma francesa. Puesto que el británico logró el a vista y habló de
6b+, no había motivo para dudar del grado. El patrón estaba hecho y por tanto durante
algún tiempo las referencias se mantuvieron con un grado desmesuradamente duro para
algunas vías.
En el transcurso de los años 87 y 88,
el aire de la refrescante "deportiva" captó a gente más interesada en crear
que en criticar; aunque habría que decir que la escuela contaba únicamente con la visita
de una media de ocho personas al año. Enrique y los hermanos Moreno, de Tarifa,
comenzaron en El Cancho aportando otros itinerarios de grado bajo, con respecto a la
referencia que se tenía con la "Armónica". Un conservadurismo más que nada
sentimental hacía que el grado se mantuviera de este modo, pero poco a poco las opiniones
que se reflejaban en un libro de piadas, existente en un buzón en el sector de La
Habitación, mellaron mi resistencia. Tan sólo mantuve el grado original en algunas vías
del sector Armónica y que cambié con la edición de la última guía (1999).
En el verano de 1988, con todo equipado
a mano, un grupo de escaladores sevillanos (CAS), que aportaron un taladro a batería, y
yo preparamos un buen número de vías para el encuentro-competición que se celebró en
septiembre. San Bartolo recibe una visita masiva que culmina con la competición de búlder, en la que resultaría vencedor Javier Morales. Su paso por la escuela sirve para
testar algunos problemas que solamente yo había realizado, como la explosiva "Gengis
kan", que marcó durante un buen tiempo la máxima dificultad de la escuela (7c).
Las fichas del grado no se movieron
hasta el 1992, año en el que encadené "Chulo de barrio" (8a), si bien en la
escuela se fueron abriendo cada vez un mayor número de vías, aunque con predominio, más
que vías de dificultad, de los grados medios.
El 1991 fue el año en que Norberto
Márquez y yo introdujimos la resina para afianzar agarres y posteriormente para crearlos,
lo que trajo no poca polémica, según recuerda Norberto: "Un día mientras
equipábamos "Síndrome de silicona" (6c) se rompió un agarre de la entrada, y
pegamos la primera presa artificial. Como el nivel de escalada era muy bajo, nadie se dio
cuenta del parche, puesto que la vía se encuentra en un sector con grado al que acudían
pocos. David equipó al año siguiente "Chulo de barrio" (8a), en la que picó y
pegó algunos agarres. El problema fue que la gente no comprendió esta novedad y
surgieron las críticas. Durante muchos años he equipado con David, siempre buscando una
dificultad que se hacía muy dura de encontrar, debido a que la roca no da para más.
Vías duras se traducían en intervención de resina, como "Chulo de barrio"
(8a), la primera de octavo de la provincia, y otras que vinieron después como
"Fátima" (7c), "Moby Dick" (8a/8a+) o "Saratoga" (7c+),
punto en el que nos paramos porque la escuela no ofrecía mucho más"
Casi un 60 por ciento de las vías
tienen mi sello, pero ha habido más gente que ha contribuido a que la escuela llegue a
las casi 230 actuales. De los primeros tiempos, en los que nos dábamos mazazos en el dedo
gordo, A. Virgil, F. Orduña, E. Sarmiento, J. Bello y M. Guerrero; después Rosa Dueñas,
N. Márquez y los inolvidables "estanteros" Juan y Manolo. De las 75 rutas
deportivas del 91, se pasó a las 150 en el 95. Para entonces Paco Orduña, Manolo Gómez,
A. Hurtado y J. Bello habían encontrado una zona, que en un primer momento mantuvieron en
secreto puesto que la masificación, en la ahora llamada "zona de arriba", era
algo preocupante. El Tajo del Búho o Canuto del Arca supo llegar a tiempo para quienes
casi habían abandonado la escuela, buscando nuevos itinerarios. A la dura tarea se sumó
el segoviano José Luis Adrados, hoy un local más y equipador.
Me queda añadir la asignatura
pendiente de nuestra naturaleza: la conservación. San Bartolo es pequeño y ya ha sufrido
muchos cambios de todo tipo. Intenta respetar su entorno; llévate tu basura (incluidas
las colillas), no acampes arriba ni enciendas fogatas (existe una prohibición
específica, que puede motivar el cierre de la escuela), aparca en los lugares indicados y
procura no subir música (afortunadamente quedan animales) y si vas a equipar, no lo hagas
si no es con fijaciones químicas y material de calidad.
David Munilla
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