Aprovechando su presencia en la tercera edición del
Festival Internacional de la Montaña de Benasque, donde
participada en el ciclo de conferencias, hablamos con Chus Lago,
que el año pasado se convirtió en la primera alpinista
española en subir el Everest sin oxígeno. Un año después de
su ascensión nos cuenta sus impresiones y todo lo que le ha
supuesto la consecución de la montaña.
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Chus Lago
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¿ Ha cambiado mucho tu vida el Everest?
Los primeros meses fueron muy estresantes por todo el tema de
entrevistas, el libro que quería escribir y además, seguir con
mi trabajo y mis estudios. Pero a otros niveles no me ha
cambiado tanto. Quizá más en el plano personal y después todo
el tema de la popularidad y que eres más conocida.
¿Crees que ha sido justo el tratamiento que ha realizado la
prensa a nivel nacional de tu ascensión o se le ha dado más
protagonismo a otros?
A nivel nacional no lo ha sido, quizá por culpa propia al
rechazar alguna cosilla o que no contactaba con lo medios para
contarles la ascensión, pero creo que no tengo que ser yo quien
tiene que llamar. En cualquier caso es algo que no me preocupa
demasiado. A nivel regional, sobre todo en Galicia, el
tratamiento si que ha sido bueno, a nivel de premios y sobre
todo del reconocimiento de lo que he hecho por parte de gente.
Creo que es algo positivo, por ejemplo, para abrir nuevas vías
de sponsorización a otras personas.
¿Y el seguimiento que han hecho los medios de comunicación
este año en el Everest?
Creo que es positivo en el sentido de que se habla de
montañismo y la gente puede conocer, por ejemplo, donde está
el primer y segundo escalón del Everest. También, por
supuesto, en temas de pedir subvenciones o patrocinadores
privados. Pero lo que no me ha gustado es la forma en que lo han
hecho, porque ha sido muy subjetiva, es decir, que en
determinados medios casi sólo se ha hablado de los
protagonistas, y no tanto del hecho o del lugar. Tampoco me ha
gustado ver redactores de fútbol hablando de montaña. Es
también un arma de doble filo, porque también da la impresión
de que es algo accesible para cualquiera. A pesar de todo,
siempre es positivo que se hable de montañismo a estos niveles.
El planteamiento de las expediciones al Himalaya cambia
totalmente con el tema de Internet, cámaras digitales, etc ¿A
ti también te ha influido?
Si, aunque yo le he puesto unos determinados límites a estos
temas, en el sentido de que procuro no llevar mucha parafernalia
de ordenadores y reducir el tema a un simple teléfono. Por mi
forma de ser no me gusta la publicidad, me da mucho miedo, y
además te exige mucho. Por ejemplo, mis patrocinadores del
Everest me han propuesto que me vaya ahora al K2 en lugar de al
Pico Comunismo, en la cordillera del Pamir, donde voy ahora en
Julio. Personalmente no quiero entrar en este círculo en el que
te acabas viendo arrastrado, quiero seguir haciendo la montaña
que me apetece a mi.
También influye el tema económico, porque cuando se te
presenta la oportunidad de ir cómodo, sin problemas de dinero
aprovechas y te llevas el ordenador, la cámara digital, etc. Si
quieres sponsor, realmente tienes que hacer todo esto.
¿Y tú has conseguido algún avance en este aspecto de la
profesionalización?
Patrocinadores para las expediciones a nivel de material y otros
gastos. No he conseguido nada más, pero porque tampoco lo he
buscado.
Centrándonos más en tu ascensión ¿El haber usado
oxígeno en la bajada supuso algún tipo de decepción?
Sinceramente si, porque cuando me puse el oxígeno no estaba muy
convencida. Yo creía que lo iba a necesitar sólo en
situaciones más extremas y, en realidad, aunque estaba muy
cansada, me acuerdo perfectamente de todo. De hecho, subiendo
cumplí el mismo horario de gente que subía con oxígeno al
mismo tiempo que yo (10 horas) y tampoco tuve que realizar
descansos. Pero en la bajada, a la altura del segundo escalón,
si noté que no podía seguir su ritmo y que se alejaban
bastante rápido. Además, el sherpa que me acompañaba estaba
bastante asustado y quería bajar más rápido y a mí también
me entró una cierta ansiedad, aunque a 8.800 metros no puedes
ir más deprisa, lo único que consigues es romper el ritmo de
la escalada.
¿Influyó más la decisión de la gente que te acompañaba?
Quizá si, porque a la altura del segundo escalón, Sergio
Martini me dijo que ya lo había demostrado todo y que me
pusiera el oxígeno si quería llegar con luz al campamento.
Además, mi sherpa me dijo que estaba agotado y que corríamos
peligro de quedarnos allí arriba. Otra razón fue que no
quería comprometer a nadie y por eso no llevaba radio, para que
nadie tuviera que venir a rescatarme. Eso me parece
impresentable.
¿Pero el riesgo que se asume con eso no es demasiado fuerte,
que corres peligro de quedarte allí arriba sin ningún tipo de
comunicación?
Cuando vas en grupo si llevas una radio para comunicarte con tus
compañeros en caso de que necesites ayuda o si encuentras a
alguien que está con problemas le vas a buscar si puedes. Pero
el problema es que hay gente que se mete deliberadamente en
situaciones para la que no está preparado físicamente y de las
que no es capaz de salir en caso de tener algún percance. Eso
me parece vergonzoso.
¿Cómo veías este problema en el Everest?
Veía gente que no estaba preparada para esta montaña. Yo
preferí asumir todos los riesgos, pero me puse el oxígeno en
la bajada para no tener problemas y que alguien tuviera que
subir a sacarme de allí o a discutir más con mi sherpa. Yo
personalmente habría preferido hacerlo sin oxígeno, pero
tampoco va a significar nada más importante.
Según la gente que has visto allí, ¿Crees que el Everest
es una montaña para ricos?
A la gente le pierde la dimensión, es decir, que verdaderos
alpinistas había cuatro y el resto era gente que por poder
pagar determinada cantidad de dinero o disponer de cinco
botellas de oxígeno se cree en el derecho de intentar la
ascensión. Se miden con la montaña sean o no alpinistas, se
pierde un poco el respeto.
Se debería respetar mucho más a alpinistas que lo intentan sin
la ayuda de oxígeno o como Sergio Martini, que con 50 años ha
hecho los 14 ochomiles, a pesar de haber subido el Everest con
bombonas. Después, una persona sin ningún tipo de experiencia
que con cinco botellas llega también a la cima no me parece que
tenga la misma valoración. El problema es que las listas y
catalogaciones de las revistas no recogen estos matices y eso lo
considero algo decepcionante.
¿Por que prefieres las ascensiones en solitario?
Tuve malas experiencias en mis primeras expediciones colectivas
al Himalaya en el 91 y el 92, No me gustaron. Además, siempre
procuro asumir riesgos que puedo afrontar, me parece mucho más
bonito. Si a lo mejor me hiciera cosas más técnicas como El
Capitán, si iría con gente de igual o más nivel.
¿Pero no es muy duro estar sola en una montaña como el
Everest sin la compañía de gente conocida?
Para mi la soledad es más un estado de ánimo. Por ejemplo, yo
recuerdo encontrarme más sola en el 99, con había 130 personas
en el campamento base, que en el 98, que sólo éramos cuatro
personas y había mucha más comunicación. Además, el año
pasado estaba tan concentrada en lo que tenía entre manos que
no echaba nada de menos. De hecho, después de estar allí casi
50 días, en el viaje de vuelta, no reconocí a un chico
italiano que había estado allí y conocía mi nombre y que
había subido sin oxígeno, ni tampoco llegue a hablar con la
expedición que acababa de encontrar el cuerpo de Mallory.

55
ascensiones femeninas
Primera
en la cumbre
Dos
españolas en el Everest
Sin
oxígeno
Una mujer de
50 años en el Everest
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