Hace cuatro meses os contábamos el curioso
tratamiento basado en aceites naturales y ejercicios de
meditación, con el que Jordi Tosas conseguía salvar las
congelaciones sufridas en el descenso del Cho Oyu. Hace unos
días, recibíamos un escrito del propio Jordi en el que
reflexiona sobre las amputaciones que finalmente no ha
podido evitar a su vuelta de Vietnam.
Anexo> La opinión de Kiko
Arregui
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Jordi Tosas
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Por fin acabó todo. Han pasado siete meses y en
mi cuerpo faltan dos trocitos. Dos puntas de dedos, que
parece que no hagan falta, pero si sabes de lo que hablo tú
se lo podrás decir.
Algunos dicen que sino hubiera sido tan terco, tan
bruto, podría haberse acabado antes, sin perder tanto.
Otros dicen lo contrario. Yo, en fin, yo sólo puedo contar
mi experiencia y estar seguro que de volverme a encontrar en
esa situación reaccionaría del mismo modo.
He tenido suerte y mucha. Primero me trató mi buen
amigo Cristophe Pavelic, quien a parte de haber sido médico
de la ENSA en el grupo de rescate de Chamonix, ha
profundizado en las técnicas orientales de medicina y
meditación. A él debo el guiaje en ese mundo fascinante de
la mente, el me ayudó a caminar en mi mente y buscar la
regeneración correcta.
El final fue de manos de otro, ahora ya, amigo. El
Dr. Arregui, quien después del tirón de orejas ha cortado
lo justo e indispensable. Si, me ha hecho sufrir, y lo que
él considera una pequeña chapuza en mi pulgar, yo le
llamaría la posibilidad de seguir llevando pies de gato y
poder trepar dificultad.
Y luego estoy yo. Bien, yo me los congelé. Los dos pies. Y
recordaré siempre esa mirada de asco a mis negros y
purulentos dedos. Hinchados, el eco de las palabras médicas
diciendo y relatando las amputaciones que acaecerían. Luego
mi mente relajándose tranquilamente bajo la sombra de la
montaña que me había mordido. La vida no acababa allí.
Muchos eran los que habían pasado ese momento y las
montañas tienen caminos para los que están enteros y los
que, por la misma montaña, echan de menos algo de ellos
mismos.
Hay un póster de No Fear que siempre me ha
motivado. En él sólo aparecen los pelos de una desafiante
cresta roja al lado de una espátula de esquí de K2. No me
atrae el punk y esa no es la razón de que me guste esa
foto. Es más bien el personaje que ostenta esa radical
cabeza. Uno de los mejores esquiadores extremos y
freestylers que he conocido. No sólo esa faceta, sino la
extrema fuerza de voluntad que tenía, compitiendo con el
hombro roto, fue lo que recordé después del accidente. En
mi cabeza también estaba la forma de ver la vida de Umberto
Pellizzari, de Marc Twight y de otros que me ayudaron a
seguir viviendo. Con una lesión, sí, pero caminando, con
mis negros pies, un paso y luego otro.
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Pie izquierdo de Jordi,
dos meses después de
regresar del Cho Oyu.
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Han pasado siete meses con ese obstáculo. He estado
en Alpes, Bolivia, Nepal, Vietnam. He escalado hasta los
seis mil metros, he deslizado desde ahí en el snowboard.
Las sandalias no han evitado que pueda bailar con rocas que
algunos llaman 8a o 8a+. Al final el bisturí ha llegado.
Mis dedos echan de menos una parte de ellos. Algunos dicen
que todo ha sido en vano, que la medicina oriental ha
fracasado. Yo pienso que mi vida no ha cambiado. Mis pasos
en la montaña se han sucedido, tal como siempre, en una
serie de fanáticos veranos de magnesio e inviernos
deslizantes.
Ahora después del corte, de la operación los días
pasan a la espera de que la cicatriz cierre del todo. Pero
eso me permite esquiar con una sola pierna. Eso, que algunos
dicen que no debería hacer, que es fruto de un fanatismo
radical. Es, sencillamente, una forma de ver la vida. De
vivirla y sentirla como yo entiendo. Algo que me ayuda y me
lleva a regenerar mejor lo que he perdido, me ayuda a poner
atención en las cosas importantes de mi vida, a entender la
montaña y a entender mejor a la gente y al mundo.
Y antes de dejar el lápiz otro agradecimiento desde
mi corazón a Cristophe y Quico Arregui, porque además de
curarme me han entendido. A todos mis amigos que me han
llevado a escalar de segundo y a los que han tenido la
paciencia de asegurarme caída tras caída para no apoyar un
pie, gracias Merche. Y a las marcas que me apoyan. Ellas me
han ofrecido su cara mas humana y se han mantenido a mi lado
durante este largo año de recuperación. Gracias a Polar
Montain, Lucky, Salomon, Bolle, Isard, Surfer Rule. Mi
recuperación ha sido mi mejor escalada, y la he encadenado
encordado a vosotros.
Jordi Tosas
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12.09.00 |