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Kangtenga, sea como sea

Valeri Babanov se planteó uno de los grandes retos del Himalaya: ascender en solitario una cara norte en estilo alpino. Las nevadas diarias frustraron sus primeros intentos pero, sin abandonar su objetivo, optó por una táctica más pesada, fijando 350 metros de cuerda. Recorrió los 1.200 metros que le separaban de la arista cimera, con una dificultad de A3/6a en roca, complicado terreno mixto y hielo (M6/80°). El cansancio y la tormenta le dejaron con las ganas de cumbre, tras su octava noche en pared.

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Atardecer desde el C2.
Foto: colecc. V. Babanov


Kangtega: ¿qué significa para mí? La expedición me hizo pensar sobre los límites humanos, y ha hecho cambiar mi actitud hacia ellos. Una vez más tengo que plantearme los posibles obstáculos, aprender la lección de la experiencia para usar su lado positivo en el futuro. Ahora, intento dar un significado a mi actividad en la cara norte del Kangtega. ¿Éxito o fracaso? Es difícil responder en una palabra. De lo que sí estoy seguro es que la experiencia que he adquirido en la pared influirá en las soluciones que me plantee en el futuro. La expedición puede dividirse en dos partes: la primera llega hasta el 10 de mayo, en la que hice intentos a la norte del Kangtega en estilo alpino; y una segunda a partir de ese día, que incluye el ascenso hasta la cresta y la bajada, y que difiere de la primera por la táctica y la rapidez en la toma de decisiones. Los acontecimientos están vivos en mi memoria, por lo que me es fácil su relato.


Una expedición muy ligera

El 9 de abril llegamos en avión a Katmandu desde Moscú. La expedición constaba de tres miembros: el instructor y el que iba a hacer la ascensión (aunado en mi persona), el operador de foto y vídeo (mi mujer Olga), y el cocinero, Sanga. Nacido en un pequeño pueblo cercano a Lukla, Sanga era un buen conocedor de la zona y me solucionó los trámites tanto con los porteadores como económicos. Una vez conseguido el permiso para la ascensión en solitario, llegamos a Lukla a bordo de un avión local. Al día siguiente, 13 de abril, empezamos el camino acompañados de 12 porteadores, que nos llevaría 5 días.

 El paisaje era extraordinario, pero mi cabeza estaba en la pared. Pasamos por el campo base del Mera Peak, de 6.473 m. Mis planes eran aclimatar en este pico antes de dirigirme a "mi" montaña. Todos los días el tiempo era parecido: soleado hasta las 10 u 11 de la mañana, luego se nublaba y empezaba a nevar después de la cena. Pronto me di cuenta de que iba a ser difícil completar mis planes, nos iba a llevar demasiadas horas atravesar las interminables morrenas del glaciar de Hinku Nup.

 Después de los siguientes tres días de aclimatación por las rampas del Mera, comencé los preparativos para mi primera ascensión al Kantega. Mi idea era organizar un campamento de altura lo más cerca posible de la cara norte. No había visto antes la montaña más que en algunas fotos y lo que alcancé a ver desde un valle cerca de Dingboche, cuando estuve en 1998. Pero, desde allí, el Kangtega era sólo un pequeño triángulo blanco.


Engañosa escala del Himalaya



Aclimatando por las cascadas de Hinku Nup
Foto: colecc. V. Babanov


Nos llevó 7 horas encontrar un paso por el que poder atravesar una barrera de piedras de la morrena, y alcanzar el lugar donde establecimos nuestro campamento de altura, a 5.300 m. Desde aquí no se ve "mi" pared, pero se distingue perfectamente todo el recorrido de aproximación hasta la base. Lo que pensé que me llevaría 5 o 6 horas me costó dos días, de nuevo el Himalaya me había confundido con su gran escala. Llegamos a un plató desde el que pude ver de cerca, por primera vez, la norte del Kangtega. Es difícil describirla, sólo las fotos pueden dar una idea aproximada de esta impresionante creación de la naturaleza. Da la sensación de que todo se mueve, de que se va a precipitar sobre uno y reducirle a la nada.

 La pared mide unos 1.300 m, ofrece pocas posibilidades de asegurarse y ninguna repisa de roca. La parte inferior no tiene suficiente hielo, lo que obliga a recurrir a las acrobacias en la roca, a una altitud de más de 6.000 metros. Por el medio, es como si la pared se rompiera y ofrece un tramo de rampa hasta que, por encima, de nuevo empieza la verticalidad. Es imposible saber cómo estará el hielo ahí arriba. Permanezco unas horas en una especie de shock, impresionado por lo que veo. Después empiezo a relajarme, mentalmente es como si ya hubiera empezado a formar parte de la pared.

 Después de un día de descanso, estoy listo para empezar la escalada en solitario, en estilo alpino. Parto desde el campamento con dos cuerdas de 60 m, el material y comida para cuatro días. Cuando estoy colgando de la primera uña en la roca, empiezan a caerme copos de nieve en la espalda. Pronto empieza a nevar fuerte. Es imposible encontrar refugio porque no lo hay. Después de haber avanzado 150 metros, tengo que admitir que no puedo seguir por hoy. Bajo y decido pasar la noche en el glaciar de enfrente. Nieva durante la noche y todo el día siguiente, por lo que decido regresar al campo base y descansar.
Unos días después vuelvo al campamento de altura y realizo otros dos intentos más, uno el 5 y otro el 8 de mayo. Pero todo es en vano, el mal tiempo siempre me hace regresar. La situación comienza a ser crítica. Estamos casi a mitad de mayo y me desespera el fracaso de todos mis esfuerzos. Intento razonar los motivos de mi fracaso y hallar una solución. No soy capaz de superar la norte del Kangtega en estilo alpino con este mal tiempo. Es necesario cambiar de táctica. Puedo superar la zona inferior y dejar cuerdas fijas que me permitan bajar rápidamente cuando el tiempo empeore, y volver a subir por ellas cuando mejore (porque tendrá que hacerlo). Una vez que suba la pared, alcanzaré la cima por la cresta y volveré a bajar por el mismo sitio. Pero para ello necesito más cuerdas, que puedo conseguir en el cercano campamento de Tangnan.
Dos días más tarde ya he conseguido, con la ayuda de Sanga, otras 6 cuerdas extras. No está mal, son 260 metros que se suman a los 160 m que traje, y hemos conseguido más reservas de comida y queroseno. Decido subir el campamento de altura hasta los 5.600 m, con lo que la aproximación hasta pie de vía se reduce considerablemente: de 4 horas pasa a ser 30 minutos. Tardamos dos días en instalar la tienda amarilla en el nuevo campamento y llevar lo necesario.

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