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Los otros caminos


Fueron el tiempo y las circunstancias las que definieron las rutas jacobeas. Por un lado estaban los papas deseosos de imponer la reforma gregoriana; por otros, reyes que quisieron repoblar los territorios reconquistados al Islam; en medio, los santos empeñados en construir hospitales, puentes y calzadas. El resultado, una red de caminos que vienen del mundo y van a Santiago.

   Trazar un mapa definitivo de todos los caminos del Camino sería incierto y pretencioso. La veneración tributada al Apóstol, la existencia y evolución de monasterios y santuarios, establecimientos hospitalarios, cofradías, órdenes militares, tráfico marítimo, repertorios de caminos… han sido instrumentos utilizados por los estudiosos para trazar las huellas seguidas por los devotos de Santiago. Al término de sus estudios aparecen muchas hipótesis y algunas certidumbres.El Camino utilizó, entre el valle del Ebro y el noroeste de la Península viejas rutas transitadas desde tiempos prehistóricos, caminos romanos con los que, desde Briviesca se llegaba hasta Astorga; otras son sendas utilizadas por suevos y vándalos en sus invasiones.
Después del año 1000, la ruta se asegura los apoyos monárquicos, las venias papales y las órdenes militares que impulsarían la creación de infraestructuras, hospederías y hospitales.
Es muy probable que los primeros peregrinos llegasen desde tierras cercanas, como Galicia o Asturias, simplemente porque la noticia tardó bastante tiempo en propagarse por el mundo y después hubo de ser aceptada y reconocida por la iglesia católica, para más tarde ser impulsada por las jerarquías eclesiásticas de los países concernidos.

El primer peregrino que se tiene documentado es el francés Gotescalco de Le-Puy-en-Velay, que llegó a Santiago en la temprana fecha del año 951.
Más tarde comenzaron a fluir peregrinos desde diferentes rutas al borde de las cuales se inició un amplio movimiento cultural y económico: albergues, iglesias, mercados, hospitales, ciudades, puentes y catedrales rinden testimonio de ello.

 


Los caminos Francés y Aragonés

El llamado Camino Francés es la ruta jacobea por excelencia, la más conocida, transitada y acondicionada. En la primera guía jacobea conocida, atribuida al presbítero francés Aymeric Picaud, escrita entre 1132 y 1139, se habla ya de las dos principales rutas seguidas por los peregrinos franceses que atravesaban el Pirineo por el puerto de Somport, en Huesca, y por Roncesvalles en Navarra, hasta Puente la Reina.
A partir de Puente la Reina, por tierras de Navarra y La Rioja se encuentran hitos como San Millán de la Cogolla y Santo Domingo de la Calzada. A continuación se extiende la inacabable llanura palentina con tres «catedrales» del románico: Frómista, Villalcázar de Sirga y Carrión de los Condes. En el interior de la ciudad de León se encuentra la catedral con la mayor superficie de vidrieras góticas y en San Isidoro, la «Capilla Sixtina» del románico. Astorga, la Cruz de Ferro y Villafranca del Bierzo son lugares que nos conducen a O Cebreiro, que abre la puerta a Galicia.
Aunque, en la actualidad, el camino Aragonés parece una desviación del Camino Francés, en realidad se trata del antecesor del camino que pasa por Roncesvalles. Es la continuación dentro del territorio español de la vía Tolosana francesa, por lo que canalizó a gran parte de los peregrinos del centro y del sur de Europa. Llega a España por el puerto de Somport y sigue por Santa Cristina, Canfranc, Jaca –con desvío a San Juan de la Peña–, Tiermas, Yesa, Monreal, Eunate y Puente la Reina.

 


El camino de la costa

Fue probablemente por la costa por donde tuvo que extenderse la noticia del descubrimiento del sepulcro de Santiago, ya que en aquella época, hacia el año 814, el resto de la Península estaba ocupada por el Emirato de Córdoba , que realizaba incursiones hacia el norte.
El camino de la costa llega desde Francia por Irún y va bordeando toda la costa cantábrica hasta Foz, en la provincia de Lugo, por donde penetra para unirse al Camino Francés en Arzúa. En Guipúzcoa el camino se dividía en dos, el de la costa propiamente dicho y el que atraviesa el interior de la provincia para llegar al túnel de San Adrián y ganar la llanada alavesa.
En la iglesia parroquial de Ntra. Sra. La Real, de Zarauz, se conserva todavía una «tumba del peregrino». Guernica tiene una especial relevancia en la ruta pues en ella enlazaba el camino que desde Bermeo recorrían los peregrinos que habían iniciado su viaje por vía marítima y los que procedían de Markina. Antes de llegar a Arzúa, los peregrinos pasaban por Santander, donde además de las reliquias de San Emeterio y San Celedonio había varios hospitales para peregrinos. La vía de la Costa sigue por Gijón, Ribadeo, habitual puerto de desembarque de peregrinos, y Sobrado.



La Vía de la Plata

La conocida calzada romana se convirtió con el tiempo en ruta mozárabe de peregrinación y comercio entre los puertos andaluces y el norte de la Península. Fray Justo Pérez de Urbel aventuró incluso la hipótesis de un traslado de las reliquias desde Mérida a Galicia. Aunque así no fuera, el área que recorre coincide curiosamente con la expansión del reino de León en la Reconquista. Una vez tomadas Sevilla y Córdoba por Fernando III, el camino quedó libre para los peregrinos.
Este itinerario atraviesa tierras extremeñas por ciudades monumentales como Cáceres, Plasencia y Salamanca, donde se une con los peregrinos procedentes de Toledo y Ávila por la ruta de Alba de Tormes. El antiguo monasterio de Moreruela y Benavente son los dos puntos que adentran el camino en Sanabria y de aquí a las tierras de Orense.

 


La Ruta Marítima

Desde los lejanos puertos del Báltico, de los países escandinavos, británicos e irlandeses, de los Países Bajos y el norte de Francia, llegaban peregrinos a Galicia. Se conoce muy bien la navegación desde los puertos ingleses hasta Galicia (Noia, Muras, Padrón, Baiona, A Coruña, Neda) y el embarque de peregrinos, masivo al finalizar la guerra de los Cien Años. Con buen viento se tardaba sólo entre 4 días y una semana.

 


En Francia

Prescindiendo de las vías marítimas y del sur, el grueso de jacobitas entraba en la Península por los Pirineos, encauzados por las cuatro grandes rutas francesas. En el año 1130, las cuatro principales rutas de peregrinación estaban ya perfectamente fijadas en Francia. La primera se iniciaba en San Martín de Tours, París, y se denominaba Vía Turonense. Desde allí partían los peregrinos francos y otros procedentes de los países nórdicos, sobre todo alemanes, quienes seguían el Camino Bajo que comprendía los territorios del Bajo Rhin y de los Países Bajos. Se reunían bajo la Torre de Santiago, que todavía sigue en pie, en París.
Una segunda vía a Santiago de Compostela partía de la abadía de la Madelaine de Vézelay y era conocida como Vía Lemovicense o Lemosina. Procedentes de las regiones de Champaña, Lorena y las Ardenas, se reunían en Vézelay para proseguir por Limoges y Périgueux hasta llegar a Ostabat.
El tercer camino salía de Notre Dame du Puy, basílica francesa, y era llamado Vía Podiense. Desde allí y por las impresionantes gargantas de la región de Auvernia llegaban los peregrinos a Conques, donde se encuentra la importante abadía de Saint-Pierre-de-Moissac. Más tarde se unían a los que venían por los caminos de la Vía Lemovicense y la Turonense.
La cuarta y última ruta es la Vía Tolosana, que pasaba por Toulouse, aunque salía de Arles y era utilizada por los que venían de Italia y de Oriente, además de algunos tramos de los que seguían la ruta germánica. Los peregrinos pasaban por Montpellier y se adentraban en pleno corazón del Languedoc para llegar a Toulouse, importante ciudad que conserva las reliquias de San Saturnino. Descendiendo aún más, llegaban a Oloron-Sainte-Marie para proseguir hasta Borce, antes de acometer la etapa del Pirineo aragonés.

 


El Camino Portugués

Se trata del camino más transitado del país vecino y se asienta en gran parte sobre una vía romana perteneciente al Itinerario de Antonino y ha sido descrito con profusión en los itinerarios Reales y por ilustres viajeros como Rosmithal, Lassota o Confalonieri, siendo por tanto la ruta habitual que siguieron los monarcas portugueses para peregrinar a Santiago.
En el Camino Portugués existen dos sectores; el primero parte de Lisboa en dirección nordeste remontando el curso del Tajo y pasa por Azambuja, Cartaxo, Santarém, Gólega, Tomar, Alvaiázere, Ansião, Condeixa y Coimbra. El segundo sector parte también de la capital portuguesa en dirección oeste, llegando a Mafra, Torres Vedras, Óbidos, Caldas da Rainha, Alcobaça, Batalha, Leiría, Pombal, Montemor-o-Velho y Coímbra. La universitaria Coímbra guarda el sepulcro de la reina santa, dos catedrales y una iglesia medieval dedicada a Santiago. Dada la gran tradición caminera de la ruta portuguesa, las tierras por las que discurre presentan la mayor densidad de advocaciones al Apóstol y están presentes en fundaciones monásticas y de establecimientos dedicados al hospedaje de peregrinos.Redacción G.E.


 
 


 


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