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Consejos

El Camino de Santiago es un prodigioso acontecimiento social al que acude la gente por diferentes motivos: religiosos, deportivos, turísticos, periodísticos, por curiosidad o porque nos lía un amigo. El motivo importa poco, lo extraordinario es que el fenómeno jacobeo reúne a miles de personas y de muy variada condición ideológica y social para un mismo fin.



DOCUMENTACIÓN

Todos los peregrinos tienen algo en común: llegar a la catedral del Obradoiro y conseguir la Compostela, un documento personalizado que otorga el secretario capitular de la catedral a todos los peregrinos que han realizado el Camino dåe Santiago y lo pueden demostrar, al menos 100 kilómetros andando o trescientos en bicicleta.

La Credencial de peregrino se puede recoger, siempre personalmente, en las Asociaciones de Amigos del Camino o en las parroquias y templos donde comencemos la peregrinación. La Credencial es un documento plegado con muchos espacios reservados para los sellos especiales que tienen en los refugios, iglesias, bares, hoteles, incluso en las tiendas de comestibles y en algunas farmacias del Camino.

Todas las direcciones de las Asociaciones de Amigos del Camino de España las podemos encontrar en la página de Internet: www.xacobeo.es


EQUIPAMIENTO

Para ser precisos tenemos que llamar palmeros a quienes se dirigen a Tierra Santa (Jerusalén), romeros a los que hacen el recorrido a Roma y peregrinos a quienes eligen Santiago de Compostela como destino de su viaje sagrado. La imagen clásica del peregrino jacobeo de todos los tiempos es un caminante penitente equipado sencillamente con un sombrero de ala ancha para el sol y la lluvia, cubierto por una esclavina para protegerse de la intemperie, apoyado en un bordón que también le sirve de defensa, una calabaza para llevar agua, un pequeño morral de telas remendadas donde guardar la comida y unas rústicas sandalias que debían soportar la dura caminata.

Esta imagen ancestral y bucólica de peregrino ha cambiado únicamente en la forma, porque en el fondo los viajeros actuales que caminan desde los Pirineos hasta Santiago de Compostela necesitan los mismos elementos que durante cientos de años ha utilizado el peregrino jacobeo.

El simpático sombrero de ala ancha con la visera sujeta por una concha, símbolo inmutable y eterno del Camino de Santiago, ahora se ha cambiado por una gorra de tela llena de pins, un sombrero de paja, un paraguas o cualquier cosa que proteja la cabeza del sol.

La pesada esclavina, que después de tantas jornadas quemaban en una zona destinada para este menester en la propia catedral del Obradoiro con el fin de evitar epidemias por la suciedad acumulada en la prenda, se ha sustituido por ´chupasª y chaquetas de tejidos impermeables, cortavientos, transpirables y, por supuesto, lavables.

El popular bordón es el elemento que menos cambios ha sufrido en la historia del peregrino porque aún sigue siendo imprescindible caminar ayudado por algún tipo de bastón, que puede ser metálico, de madera o telescópico. Por tradición es un palo del propio camino, y que como en aquellos tiempos también sirve de defensa contra los molestos perros de los campesinos que siempre acosan a los forasteros.
La graciosa calabaza se ha convertido en una práctica cantimplora de plástico o metal.

El morral de bandolera, típico también de todo tipo de viajeros medievales y no sólo de peregrinos, ha evolucionado hacia mochilas prácticas y anatómicas.

Y, por último, nos quedan las sandalias. Por un lado, no sería lógico decir que el mejor calzado para recorrer andando el Camino de Santiago son las sandalias porque se trata de una prenda milenaria y ahora podemos encontrar en el mercado zapatillas y botas de altas prestaciones pero... mi propia experiencia me ha enseñado que el calzado es el elemento más importante del equipo. Más que el calzado, es imprescindible mantener los pies frescos para lo que juegan un papel importante los calcetines, que deben ser transpirables y estar limpios cada día. Cuando vayamos a comprar los calcetines no hay que asustarse porque cuesten entre mil y dos mil pesetas el par, es la mejor inversión en el equipo del peregrino. Si definitivamente elegimos sandalias para recorrer el Camino de Santiago, que sean de alta calidad con plantilla anatómica y correas almohadilladas, y no unas simples sandalias de playa o ducha. Y nunca estrenéis calzado, sea del tipo de sea, en el momento de empezar el Camino porque nos aseguraremos una buena batalla con las ampollas.

La mayoría de las personas que hacen el Camino de Santiago no son senderistas habituales y no están entrenados para largos y continuos recorridos a pie, y con peso. Muchos cometen errores al elegir y utilizar el calzado y el primer día de caminata surgen ampollas, pero por algún ´extrañoª motivo, por ese anhelo de llegar a Compostela, siguen adelante cojeando sin curarse adecuadamente caminando de 'malas maneras' provocándose lesiones en tobillos, rodillas o caderas que, a veces, les obligan a volver a casa antes de cumplir su deseo.

La clave principal del equipo es la ligereza.

Primero empezaremos por elegir el macuto adecuado, y en este tema tampoco hay que escatimar dinero. Probárselo bien, si es posible con peso, y tener en cuenta que hay macutos diseñados para mujeres. La capacidad es importante. No se trata de tener un macuto para cada día, o mejor dicho, para cada actividad, pero si salimos habitualmente de excursión es bueno tener al menos dos macutos: uno grande de 40/60 litros para salidas largas a la montaña o en invierno con material técnico y más ropa; y otro más pequeño de unos 20 litros para viajes tipo Camino de Santiago. Que sea pequeño no quiere decir que sea barato y que no tenga buenas hombreras y espalderas ajustables. Insisto en la calidad del macuto para hacer del viaje una buena experiencia, y no un camino de sufrimientos.

Ahora vamos a llenar el macuto. Como es posible quedarse sin litera en algún refugio hay que llevar una esterilla y un saco para dormir en un prado, en el pórtico de un templo, en una tienda de campaña, o donde sea necesario.

El tema de la ropa es muy sencillo: poca y de tejidos naturales, unos guantes finos y un chubasquero ligero o una capa de agua para los días de chaparrón. Un pañuelo tipo ´buffª es bastante práctico. No olvidar los accesorios de aseo e higiene, especialmente la toalla y el papel higiénico.

Un pequeño botiquín es imprescindible y, por supuesto, saber manejarlo. Los principales problemas del peregrino son las ampollas en los pies y las insolaciones o quemaduras por el sol y el calor. Si apuramos mucho hasta hacer sangrar a la ampolla la trataremos como una herida, desinfectándola bien y dejando de andar hasta que la herida se cure. El mejor invento que conozco para las ampollas, y otros problemas similares de los pies, son los Compeed.

Para combatir el sol llevaremos unas buenas gafas y cremas protectoras si nos gusta exponer la piel a los rayos solares. No esperar a tener sed para beber es la mejor norma para evitar la deshidratación.

El resto del botiquín puede estar formado por un par de vendas, analgésicos, antisépticos, cicatrizante, esparadrapo, un par de tiritas de sutura, algunas compresas de frío, anti-inflamatorios, aceite de masaje y unas tijeras pequeñas.
Hay una serie de accesorios que también conviene llevar como una linterna tipo frontal, mechero, navaja multiusos, cámara fotográfica, cuaderno de notas y bolígrafos, buen humor, una buena dosis de sensibilidad, ganas de conocer mundo, poca prisa por llegar y un presente para dejarlo a los pies de la Cruz de Ferro en el Monte Irago de los Montes de León.


ELEGIR LA RUTA

La tradición jacobea recomienda realizar la peregrinación a Compostela desde el lugar de origen de cada uno, pero son pocas las personas que cumplen con esta costumbre. La manera habitual de plantearse este viaje, es tomar de referencia el Camino Francés desde los Pirineos hasta Santiago de Compostela y recorrer el tramo que permita el tiempo del que disponga cada uno. Unos 30 días desde los Pirineos, 20 días desde Carrión de los Condes, 10 días desde Astorga, y así podemos reducir el recorrido hasta llegar como máximo a 100 kilómetros de la catedral del Apóstol, distancia mínima que debe recorrer caminando el peregrino para recibir la Compostela, y esto se puede hacer en cuatro o cinco días más o menos desde la localidad de Sarria.

En Triacastela el peregrino se encuentra con dos posibilidades para llegar a Sarria: el puerto de San Xil y la abadía benedictina de Samos. La primera variante es para los amantes de los espacios naturales y los caminos tranquilos, no tiene prácticamente ningún servicio, es más corta y por tradición se considera la ruta principal. Quienes eligen pasar por Samos son los admiradores de los monumentos religiosos, aprovechan para dormir en el refugio del monasterio y visitar la abadía.

También es habitual hacer el Camino durante los fines de semana, para lo que se necesitan varios meses y algún vehículo de apoyo
para aprovechar muy bien los dos días del fin de semana. O hacerlo en varios tramos utilizando periodos de vacaciones.

La Credencial de peregrino no caduca ni cambia de formato o significado. En cualquier momento, incluso después de años, podemos retomar el Camino donde lo dejamos y cumplir nuestro deseo.

El Camino de Santiago es también una de las mejores rutas cicloturistas que se pueden encontrar en la Península. Un periodo de doce o catorce días sería el recomendable para viajar y conocer la ruta jacobea desde una bicicleta con alforjas, para disfrutar de paisajes y lugares dando pedales y tener tiempo de pasear y descubrir, de hacer fotografías y de charlar con la gente.


REFUGIOS

Dormir es importante porque del descanso depende el rendimiento del día siguiente, y hay jornadas que si estamos en mala forma pueden resultar durísimas.

Desde la primera peregrinación a Compostela en el siglo IX para visitar las reliquias del Apóstol, antes de construirse la catedral, ya había mecenas y promotores del Camino que edificaban templos, hospitales, puentes y caminos. La mayoría eran las grandes órdenes religiosas, o monarcas y señores acaudalados que hacían la peregrinación y dejaban su sello financiando la construcción de algún edificio o templo.

La tradición altruista de ayuda y consuelo al peregrino se ha conservado durante toda la historia de la ruta jacobea. El Camino tiene una completa red de refugios que dan cama y cobijo a los que tengan Credencial todos los días del año. Es difícil encontrar un tramo superior a 15 kilómetros sin ningún tipo de refugio. Por tradición todos son gratuitos y nadie tiene obligación de pagar. Están mantenidos por voluntarios que por diferentes motivos desean favorecer el desarrollo del Camino de Santiago, aunque todos los peregrinos al salir por la mañana dejan a voluntad algo de dinero como ayuda y contribución para el refugio.

Hay refugios grandes y pequeños, sucios y limpios, fríos y calientes, acogedores y desoladores, custodiados por guardas que son verdaderos protectores del Camino y sus peregrinos o por hospederos que sencillamente pasan sus vacaciones viendo pasar peregrinos. Todos son comunitarios y en todos hay que respetar al vecino de litera y convivir con sus hábitos y manías.

El sistema de ocupación tiene el siguiente orden: primero los caminantes, después los peregrinos a caballo y por último los cicloperegrinos. Con este tema suele haber discusiones en los refugios durante los meses de verano de máxima afluencia. Los ciclistas suelen llegar los primeros al refugio y se acoplan enseguida, a última hora del día aparecen los caminantes que hacen jornadas de 30 kilómetros y sólo desean un lugar para descansar, cuando ven el refugio lleno de bicicletas y ciclistas exigen el cumplimiento de esta norma y surgen discusiones.

Algunos refugios tienen servicio de comidas pero no es habitual, y si lo tienen esto si se cobra. Otros ofrecen un pequeño desayuno al amanecer como despedida del peregrino, con más o menos complementos, que puede ser gratuito o no. El caso es que con los refugios tradicionales del Camino de Santiago hay que contar únicamente para dormir y, si está lleno y no encontramos hueco, también podemos lavarnos y hacer la colada.

Generalmente suele haber mantas en muchos refugios, no obstante recomiendo llevar un saco ligero y una sábana.

Información de la red de refugios y albergues: tel.: 981 54 19 99. Internet: www.xacobeo.es


SEÑALES DEL CAMINO

El Camino de Santiago es un cúmulo de señales mágicas y de mensajes iniciáticos esculpidos en la piedra de los templos románicos. Es una ruta creada para el caminante y cada pueblo, cada montaña y cada bosque tiene la huella eterna de miles de peregrinos, pero ahora estamos en las puertas del siglo XXI y los tiempos y modos de viaje cambian. Ahora necesitamos guías de viaje, mapas, señales, marcas, información clara y precisa para planificar perfectamente el viaje, y las Asociaciones de Amigos del Camino y los habitantes de las poblaciones por donde discurre el itinerario se encargan de mantener perfectamente señalizado todo el recorrido desde los Pirineos hasta Santiago de Compostela.

A lo largo de toda la ruta vamos a ver diferentes tipos de señales y marcas, siempre de color amarillo porque es el color de todos los Caminos de Santiago. Veremos flechas pintadas en las piedras, en los muros de las casas, en los árboles, en el asfalto de las carreteras y en las mismas señales de tráfico.

A medida que nos vamos acercando a Santiago de Compostela las señales son más habituales. Además de las clásicas marcas de pintura amarilla por todas partes aparecen hitos de cemento cada kilómetro con una concha amarilla sobre fondo azul y la distancia que queda de recorrido. También hay azulejos con la misma concha adosados a los muros de las casas de las aldeas, y en los tramos comunes con carreteras hay señales de tráfico especiales para peregrinos.
En el anterior Año Santo Compostelano, el Xacobeo’93, el Camino recibió mejoras en su trazado y señalización.Este año también se ha invertido en infraestructura para favorecer y guiar el paso de peregrinos hacia Galicia, se han vuelto a empedrar nuevos tramos para sacar al caminante de la cuneta de las carreteras, la Guardia Civil destina una brigada exclusivamente para velar por la seguridad de los peregrinos, Renfe ya tiene reservados trenes especiales para peregrinos durante los meses de verano, los ayuntamientos están preparando terrenos especiales para montar campamentos de peregrinos, incluso se ha introducido el Camino de Santiago dentro de la red internauta para conquistar el espíritu de los más vagos que quieren disfrutar de la ruta milenaria delante del ordenador.
Más que hablar de las señales del Camino de Santiago podemos decir que la propia ruta jacobea es una enorme señal con luz propia iluminando el destino de todos los peregrinos jacobeos.


EL MENÚ DEL PEREGRINO

No voy a entrar en temas gastronómicos porque hay guías especializadas muy buenas. Como visitante asiduo del Camino puedo decir que la riqueza en platos y variedades culinarias a lo largo de toda la ruta jacobea es tremenda, hasta el punto de recomendar que, por disfrutar de tanta suculencia, merece la pena el esfuerzo.
El Camino de Santiago discurre por varias comarcas españolas con costumbres peculiares y soberbios paisajes que han influido y desarrollado diferentes tipos de cocina tradicional. Desde la de los montes navarros y las comarcas del Alto Aragón, pasando por las tierras vinícolas de La Rioja, los páramos castellanos o los cocidos maragatos, hasta los botillos del Bierzo o los caldos gallegos. Así podríamos recordar golosamente lo bien que lo hemos pasado comiendo en el Camino, incluso a veces simplemente con el par de huevos fritos con jamón regados con un orujo casero que tomamos en La Faba un duro día de lluvia durante la subida a la montaña del Cebreiro, o con las sopas de ajo que nos alimentaron el estómago e iluminaron el espíritu en El Acebo, o con la ensalada de tomate del refugio de Jato. Muchas veces para disfrutar de una comida tampoco es necesario degustar algo maravilloso y exquisito, lo importante es el momento, el lugar y la compañía.
La finalidad de este apartado no es despertar el apetito del lector, que sin duda lo tiene dispuesto ya para descubrir los mejores platos de la ruta jacobea, sino informar que es habitual que en casi todos los bares, restaurantes y hospederías del Camino de Santiago ofrezcan un menú del peregrino, que en realidad es el menú de la casa con otro nombre y permite disfrutar de buena cocina casera a un precio asequible. La enorme afluencia de viajeros en toda la ruta jacobea ha favorecido un desarrollo económico estable de servicios hosteleros, aumentando la competencia y mejorando los precios que favorecen al peregrino y a todos los viajeros y turistas en general que recorren la ruta actual del Camino Francés.


SIMBOLISMO JACOBEO

El símbolo universal de la ruta jacobea es la concha o vieira, como la llaman en Galicia. Habremos leído en algún sitio que los restos del Apóstol Santiago fueron encontrados por unos pescadores en la orilla de una ría gallega. Por su permanencia en el agua del mar durante varios siglos el misterioso hallazgo estaba cubierto de vieiras, y ya vemos aparecer la concha desde el principio de la historia jacobea. También cuentan algunos historiadores que el peregrino medieval cuando comenzaba el viaje desde su ciudad natal no llevaba ninguna concha, era en la misma ciudad de Compostela donde la conseguía y por tradición hacía el camino de vuelta con ella colgando de sus hábitos como señal de haber conseguido visitar el templo sagrado de Compostela, porque en aquellos tiempos los peregrinos hacían el Camino de ida y de vuelta.
El nombre de Compostela viene de Campus Estellae, campo de estrellas, y seguramente llamarían de esta manera los primeros peregrinos a la ciudad que albergaba el santo sepulcro porque se guiaban por la Vía Láctea para llegar a su destino.
La peregrinación jacobea es un viaje largo y complicado en el que hay que superar varios accidentes geográficos. Los Pirineos eran los tenebrosos Montes Encendidos de los griegos y los romanos, y para el peregrino son el primer ´pasoª de dificultad y sacrificio en su viaje hacia la tumba del Apóstol. Los puertos de montaña tienen una doble valoración en la mística jacobea. Por un lado fortalecen la voluntad y el espíritu, y por otro son un símbolo celestial derivado de su verticalidad hacia lo cósmico y universal. Todos los lugares y todas las culturas tienen su montaña sagrada, una morada donde los dioses manifiestan su poder: el monte Olimpo, el monte Ararat, la montaña de Monserrat y su virgen negra, el Machapuchare del pueblo nepalí, el Teide de los guanches, el Teleno de los romanos, el Fuji del pueblo nipón, el Sinaí,...
El peregrino debe atravesar bosques. Si superar pasos de montaña regenera e impulsa al hombre hacia nuevos horizontes, el bosque sumerge y atrapa al peregrino en sus propios miedos y peligros. Los bosques eran los lugares más temidos por los peregrinos medievales, eran refugio de bandidos, morada de bestias salvajes y de lobos, símbolo del demonio esculpido devorando hombres en capiteles y modillones románicos.
Los puentes son otro símbolo de tránsito, de lo terrenal a lo celestial, de la vida a la eternidad, el obstáculo y la superación. Todos los puentes del Camino de Santiago están repletos de símbolos canteriles, de ritos y leyendas, de historia y de mensajes iniciáticos.
El año 1000 fue la época del florecimiento del románico e inolvidable porque suscitó resonancias de terrores apocalípticos y proféticas calamidades, aunque la realidad poco tuvo que ver, sin embargo, con semejantes terrores y catástrofes, aparte del famoso eclipse de sol del 1033, un milenio después de la muerte de Cristo.
Salpicando el Camino de Santiago, de jornada en jornada, durante los siglos XI y XII, e incluso antes, se levantaron numerosos núcleos de población de planta románica puramente defensiva con templos basados en un arte sensible que era considerado, al igual que otra ciencia, como una forma de conocimiento. Las tendencias iconoclastas que repudiaban las imágenes, considerando la cruz como símbolo exclusivo de la divinidad, habían quedado olvidadas siglos atrás. Las imágenes no eran frívolas ilusiones, sino algo tan necesario para los fieles, pobres y analfabetos, como los textos para los sabios. Pues a quienes eran incapaces de leer las escrituras, los colores de las imágenes pictóricas y las formas de las esculturas les recordaban las acciones de los verdaderos siervos de Dios, incitándoles a la imitación.
Las iglesias y templos románicos del Camino de Santiago tienen una arquitectura particular, especialmente por la magnificencia de sus dimensiones, debido a que tenían que albergar multitudes y evitar aglomeraciones. Por otro lado, esta exigencia física obedecía a una necesidad simbólica. La grandeza provoca el estremecimiento ante lo sublime, la emoción religiosa. El peregrino que visita los templos románicos debe sentirse colmado de admiración, permanecer maravillado y con el espíritu embargado de sentimientos religiosos hasta alcanzar, a través de la belleza humana, la belleza divina.
Las puertas son otro de los elementos simbólicos de notable interés durante toda la ruta jacobea, y tienen una estrecha relación con los pórticos de los templos románicos, pues estos son el soporte escultórico más importante del edificio, el que atrae la atención del fiel observador. Las puertas simbolizan el umbral del conocimiento (monasterio de San Antón), la revelación del misterio (Eunate), el perdón y la salvación (Puerta del Perdón, Puerta Santa), el descubrimiento del camino verdadero.
De la misma manera los pórticos románicos fueron utilizados para narrar escenas bíblicas, episodios de la vida de los santos y de la vida cotidiana, simbólicas luchas entre hombres y animales, fantasías del bestiario y emparejamiento de animales, o simplemente para desarrollar motivos vegetales o geométricos como decoración.
El Camino de Santiago en general es un cúmulo tan grandioso de símbolos reales y fantásticos que convierten esta ruta milenaria en una gran experiencia que debe ser vivida al menos una vez.

 

Juanjo ALONSO

 

 

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