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Dos españolas en el Everest

 


Chus Lago

Desde el 92 perseguía el Everest y él se le escapaba. Además, de poner a prueba su perseverancia, fuerza de voluntad y capacidad de sufrimiento luchando para conseguir créditos, primero, y financiación después, se había empeñado en intentarlo sin oxígeno. Sin oxígeno consiguió subir, y sólo lo usó durante tres horas de un descenso que se le hizo muy largo.


Chus Lago

Cuando se puso debajo de un ochomil por primera vez, pensó que, si así era siempre el Himalaya, se había acabado para ella. Por la cargada de nieve cara norte del Annapurna, las avalanchas se sucedían en 1991. La ruta normal hacía honor a su fama descargando sus aguas mayores sin avisar a quien se atreviera a pasar por abajo.
Representarse mentalmente el Himalaya, lo ha hecho todo el que sueña con el alpinismo de altitud. Quien consigue verlo suele coincidir -hay excepciones- en que se había quedado corto en sus previsiones. Y más si la montaña se encuentra enfadada. Chus Lago tenía 26 años esa primera vez. ¿Y antes? Para disfrutar del alpinismo de altitud y prepararse para el de más altitud, había hecho su primer viaje cuatro años atrás. El destino, el mismo que para muchos alpinistas españoles, Perú. Con Quico Dalmases, el alpinista catalán que desaparecerá años más tarde subiendo solo el Dhaulagiri, y otro alpinista de Vigo decidieron intentar una vía más vertical y directa para subir al Tocllarraju. Entre el resto de nevados que ascendieron recuerda el Huandoy, por el glaciar que tuvieron que negociar -"estaba curioso"-, y el Chopicalqui como el más alto.
Su periplo por el mundo le llevó después a Bolivia, posteriormente a África (Kenya por el Ice Window), y más tarde al Pamir, (el pico Lenin).
Todo la iba dirigiendo poco a poco hacia la altitud extrema. Después del intento al Annapurna en 1991, se integró en la expedición gallega que se las vio con el Everest en 1992. Allí, cuando le tocó el último turno, le ordenaron bajar. Una decisión jerárquica basada en su preparación y en que no había logística para apoyarla. Iba sola por las Bandas Amarillas de la ruta normal hacia el Collado Sur. Chus no pensó en ella cuando decidió obedecer sino en no causar problemas, porque otras expediciones le habían ofrecido su apoyo para continuar. Insistir en ello hoy es perderse en dimes y diretes, y aunque le duelan declaraciones que se siguen haciendo no quiere añadir nada. En el Cho Oyu, en 1995, era con diferencia la mejor preparada de la expedición comercial en la que se había integrado. Ella, funcionando autónomamente, hizo de C2-cumbre-C2 saltándose un campamento, en doce días de expedición "y me pasé el resto del tiempo en el CB tomando el sol y el pelo a mis compañeros".
Nada había conseguido quitarle el Everest de la cabeza, pero cambió de cara. A él volvió en 1998 por la ruta original del Collado Norte. Entonces, con una montaña cargada de nieve, llegó a 8.200 metros sin usar oxígeno.
A su trabajo como exigente instructora de aeróbic -"¡Eh!, que no vamos a subir todos", le decían sus alumnos- y al entrenamiento dirigido por Carlos Vales le debe sus 42 pulsaciones por minuto. Esa cualidad, la resistencia física; más la experiencia de sus 34 años, y toda la pasión de alpinista pobre que va al Himalaya a base de créditos, financiación justa y funcionando autónomamente lo puso al servicio de subir el techo del mundo lo más limpio que pudiera.

Estuviste allí en 1998 ¿cómo ha cambiado la montaña?
En el 98 estaba todo cubierto de nieve, había exceso de nieve. Ahora, después del Collado Norte era roca. Para que haya aparecido Mallory te puedes imaginar cómo estaba de pelado. En el 98 no veías botellas de oxígeno, ahora muchas. Y algo peor: Miss Halley contaba que había 17 muertos en la montaña y en ruta seis, que pasas por encima o muy cerca. El primero que me encontré, antes de llegar al Segundo Escalón, noté que me quedaba sin respiración.
En el 98 cayó una avalancha en el campamento base por un terremoto y otra que provocamos a 8.200 en una placa, y además se nos acabó la cuerda. Empezamos a recortar por abajo pero después empezó a soplar el viento típico de la cara norte y ya no paró. Hasta el 23 de septiembre hizo bueno, en el collado registramos de día 43 grados y por la noche 20 o 25 bajo cero. Luego empezó a soplar el viento y ha debido de soplar mucho desde entonces para que esté la pared tan seca.

Con motivo de los numerosos accidentes y rescates, de nuevo se han levantado críticas sobre si se hace lo posible para salvar gente en peligro...
Hay una cosa que no entiendo. Lo hablaba con un alpinista que participó en cuatro rescates, y se quedó sin posibilidades por ello. "Ahora explícalo", me decía, "a los patrocinadores que no he subido porque he estado rescatando gente..." Tiene narices la cosa. Y a los sherpas se les critica porque dicen que suben si les pagan. Han hecho la cumbre 40 y rescatan a un gran número. No se puede subir a rescatar a todo el mundo y no puedes esperar que hagan todo los sherpas porque ya han hecho todo subiendo tiendas y comida, y tampoco puedes estar obligándoles a arriesgarse. ¿Anteponer la cumbre a un rescate...? hay gente que no pega ni con cola allí, no por usar oxígeno o no pero sí por su actitud. Sacar a alguien de 8.500 es comprometido. Oía conversaciones por la radio desde el C3, le decían a los sherpas, que están cansados de tanto portear, que subieran y éstos piden dinero por hacerlo. Es normal. Uno me decía: "Los alpinistas sois tontos, miráis para delante y bajar qué". Claro a todos es por que les pasa algo, llegas tarde a la cumbre...

¿Por qué la decisión de intentarlo sin oxigeno?
En altura me encuentro bastante bien. Mi fuerte no es hacer cosas técnicas, en Galicia no tenemos hielo, sino la fuerza física, y me apetecía hacer algo que me llenara. En el Cho Oyu hice de C2-cumbre-C2, me encontré bien y tan sólo tenía la nariz un poco hinchada del frío pero no edema facial. Siempre me he encontrado bien, la comida me sienta bien...
Estuve, a una hora de la cumbre del Everest, sentada, descansando. Mi sherpa subía con oxígeno y llevaba una botella de repuesto. Cuando vio que los demás se alejaban hacia la cumbre, me pidió que lo usara. Le dije que no, prefería bajarme. Para usar oxígeno hubiera ido a otro monte. Creo que se puede hacer buen alpinismo con oxígeno, pero de otra manera. Por ejemplo, Sergio Martini subió con oxígeno sólo al final, tiene 49 años. O usarlo a lo mejor sólo para dormir en el último campamento o para recuperarse algo si te hace falta. Si llevas una botella la puedes bajar pero si subes doce quién las baja. Pero es una opinión humilde y respeto a quien sube con oxígeno.

¿Cómo fue el día de cumbre?
Salimos a la 1 de la mañana hora nepalesa, a la cumbre llegué a las 12,30 o 1 menos cuarto y mi sherpa un poco antes. Martini una hora antes.
No me esperaba que fuera tan largo. Te han repetido que la gente tiene muchos problemas pero parece más corto, y lo ves y parece corto, pero tardas. Crees que estás al llegar a la cumbre y te ilusionas, pero la cosa es muy larga. Y la última hora se hace muy pesada. El Segundo Escalón estaba equipado, había una escalerita, algunas cuerdas.

¿Qué pensabas cuando veías o hablabas con quienes subían con oxígeno?
Yo iba estupendamente para arriba, me encontré a dos georgianos que me preguntaron: "¿No usas oxígeno?" y me animaban. Martini arriba lloraba, y me decía que no era por él sino porque le daba impresión verme sin oxígeno.

Pero la bajada fue muy dura, y lo usaste...
Desde la cumbre bajaba sola con mi sherpa pero Martini estaba en el Segundo Escalón. Me esperaba para decirme que bajara rápido porque sabía que no había usado oxigeno para dormir y que no me podía quedar por el camino.
Baje el Segundo Escalón sin usarlo pero me lo puse después. Martini me dijo: "Ya has subido sin oxígeno, ahora sálvese quien pueda". Usé oxígeno tres horas, desde 8.500 al C3. Pensé que tenía que bajar por mis propios medios, no quería pasar el ridículo de que tuvieran que subir a rescatarme. Y además tenía que bajar con todos los dedos.
Luego pasé una noche muy difícil. Era la cuarta noche en altura y estaba sola en la tienda (mi sherpa siguió hasta C2), después de haber dormido dos noches en C2 y una en C3 (sin usar oxígeno) fue horrible. Pasé una noche respirando muy fuerte, como un pececito, convenciéndome de que podía resistir la noche, de que no pasaba nada, pero estaba muy agotada. Notaba mi corazón que latía muy fuerte, y no podía tumbarme porque me ahogaba. Estuve sentada y respirando muy fuerte.
Cuando bajaba del C3 al C2, yo seguía teniendo muchas dificultades para respirar y la gente me iba animando un montón.

¿Y es verdad que vas a colgar los crampones?
En casa hay presión. Mi madre: "Que me has prometido que después del Everest no vas a hacer ningún ochomil". Mi marido, que me ha estado apoyando y sufriendo dos expediciones en un año, y el Cho Oyu y el rechoyu y el Pico Lenin... Mira, que ahora no me lo creo ni yo misma. No sé qué haré.

Cambia vivir una relación con un escalador como los 14 años que tú compartiste, a estar con una persona que no es "del monte"...
Antonio es deportista, es corredor, entonces que esté dedicada siete horas al entrenamiento lo ve bien, que vaya el fin de semana, bueno el fin de semana no, el sábado o el domingo a escalar lo entiende. Pero el mundo de los viajes y escaladas le queda a desmano es una cuestión de equilibrio hay que saber estar aquí y allí. Dice que cuando estoy preparando una expedición no estoy aquí y lo sufre. Es una cuestión de haberlo hablado muchas veces. Estuvo dos veces haciendo trekking conmigo y ve que me transformo, como yo le veo a él transformado cuando voy a verlo competir.
Con un escalador es mucho más fácil. Me ha cambiado bastante. Ahora te quedas a escalar por aquí y no te vas tan lejos. Pero cuando estás con un escalador... no es que haya competencia de ningún tipo, los escaladores sólo hablan de escalada, de cuerdas, de rocas, de dificultad de las vías y que a mí me parece no sé cuánto y a mí tanto, y tu relación se basa en eso. Y eso está bien para algunas personas, pero a mí no me basta. No es ninguna crítica, pero una cosa es tener un novio y otra un compañero de escalada.

¿Cómo empezaste en la montaña?
Empecé en el cole, con el club de montaña del colegio de monjas, a los 11 años con una monja muy emprendedora. Luego me cambié. En el club Celtas empecé en el 76.

¿Qué hacías y dónde escalabas los primeros años?
Entonces no te especializabas en roca o hielo. Cogí la transición de botas de cuero a gatos, y te preguntabas si con eso podías escalar. Hacía un poco de todo. Primero bajaba cuevas en Galicia, montañismo, luego Pirineos, Picos, Sierra Nevada. Antes escalaba más roca: vías del Peñón de Ifach, el Torozo, Tozal de Mallo.

¿Y tu primer ochomil, el Cho Oyu?
Hice un trekking hasta Kala Patar porque vivo a nivel del mar, y llegué e hice C2-cumbre-C2. Tuve (su sherpa se encontraba mal) que abrir huella por la cadera hasta el C3 y pensé que lo tenía que dejar, pero allí estaba un americano con un sherpa muy fuerte que abría dos horas y yo 20 metros. Subí en 12 días y el resto en el CB tomando el sol. Como no llevaba ni pasta ni tiendas, decía: "no monto el C3 y me lo ahorro".

¿Cómo decides ir autónoma a las expediciones?
A partir de la experiencia del 92, en una situación como la mía, que necesitas integrarte en una expedición, vas con un grupo comercial, tienes una estructura preparada y gente para charlar en el campo base.
Hay momentos que dudas si lo podrás hacer bien, pero disfruto más. Cuando alguien te quiere meter en su historia, bajo sus alas, yo me escapo, no sé si me ha quedado dentro la historia del 92, pero he tenido al principio piques con gente hasta que han entendido que esta chica va a su rollo y no está aquí para hacer vida social.

¿Estás psicológicamente tan fuerte? ¿No te gusta la gente?
Bueno, en el avión me saludó una persona, y era Fabrizzio, y me dice: "Tú has subido sin oxígeno", y le pregunté: "y tú ¿dónde has estado?. "Yo también he estado en el Everest", pero yo no le había visto aunque él me recordaba. Pero yo no me cierro. Hablaba más con unos italianos y con una chica brasileña. Subía por el glaciar y si me encontraba a alguien en una cuerda colgado, sobre todo con los sherpas, como vas sola, se meten más contigo. Te preguntan: "¿Qué tal anoche, hacía frío?". "Sí". "Claro, como duermes sola" y se ríen y yo también.
No era un coco ni nada parecido. Es una cuestión de que estaba superconcentrada. No me apetecía nada andar con historias, me quedaba a leer, descansar, escuchar música, porque cada tres días estaba subiendo. Ocho veces en el collado norte, cuatro en el 2 y la historia no te da para más. Cuando me di cuenta la expedición se pasó y yo parecía un coco allí, pero para nada es verdad.

¿El mejor momento del Everest este año?
Cuando amaneció el día de subida y vi que me encontraba bien y hacia buen tiempo y pensaba que mientras no cambiara se podía hacer. En el Segundo Escalón me encontré a los que habían salido antes. Se sacaron la mascarilla y me preguntaron: "¿Vas sin oxígeno?", y ves las caras de alucine. Luego, cuando me pasa uno me dice: "¡Vamos María que quedan 200 metros!", y yo pensaba "¿200 de desnivel? ¿en recto?", no sé pero fueron dos horas. Y cuando vas llegando a la cumbre...

¿Y el peor?
Saber que los ucranianos estaban bajando de cumbre. Yo había estado durmiendo en el C2, me los había encontrado en el C1 donde estuve dos días porque hacía mal tiempo y subimos al C2 con mal tiempo, pero luego la noche quedó perfecta. Ellos ya estaban en el C3. Con Martini sabíamos que lo intentarían y decíamos: "si hubiéramos estado en el C3 podíamos haberlo intentado también". Pero cuando amaneció el viento era tan increíble que yo bajaba aterrorizada pensando en ellos: seguro que salieron engañados por el día. Les dio tiempo a llegar arriba, efectivamente, y la bajada fue... Desde el CB oíamos: "están en tal sitio, en tal otro". Después de haberlos visto, haber charlado con ellos, tan felices, tan alegres... Sí, es cierto que iban presionados porque se tenían que marchar, pero convencidos de que ¡muy bien! Eso te queda. Y estás abajo y no paras de pensar: "tío, cómo lo estarán pasando éstos". Me dejó muy mal. Uno bajó entero, otro desapareció y otro lo bajaron con cuerdas, muy congelado. Eso me pareció lo peor, más que encontrarte el primer muerto. Y a los demás te acostumbras.

¿Alguna idea para mejorar lo que ocurre en esta montaña?
No sé, quizá que las comerciales comprueben el tipo de clientes que llevan. Se podría reducir un poco el porcentaje de rescates y de muertes y el número de botellas. Eso es incontrolado. Si subes con oxígeno y llevas una botella o dos es más fácil bajarlas. Era escandaloso que hubiera botellas entre C1 y C2, tan abajo, no lo entendía y me decían que es porque la gente desde allí duerme con ellas.

¿Y el recibimiento en Galicia?
Precioso porque había gente importante para mí y entrañable de los Celtas, de los fundadores y de los que escalan ahora, las dos generaciones, y mis alumnos del gimnasio con camisetas con una fotografía mía. Fue increíble, un recibimiento muy cariñoso.

¿Cómo consigue financiación una chica que quiere subir sin oxígeno al Everest, algo que sólo ha conseguido un 7% de todos los que han subido?
La verdad es que porque también ellos desconocían la dificultad del proyecto. Había hecho el Cho Oyu y esto sonaba, no vas sin aval, ya te conocen, pero no son conscientes de lo que es con oxígeno o sin oxígeno. Les dije que lo iba a hacer porque me compensa más, y les avisé de que si a una hora de la cumbre siento que no puedo llegar renuncio, no voy a chupar oxígeno. No lo entendían mucho pero confiaron en mí.

J. Luis Mendieta





Araceli Segarra

La primera española que asciende al Everest se siente sobrepasada por lo difícil que le resulta que se hable sin pretensiones de su ascensión. "Subir por la sur y con oxígeno no es una hazaña. Hay mucha gente que lo hace. Es casual que ninguna otra mujer de nuestro país lo hubiera hecho antes que yo".


Araceli Segarra

Subes al Everest y los periodistas te asedian por todas partes ¿te esperabas algo así?
No. Antes de irme organicé una rueda de prensa a la que sólo acudieron cuatro periodistas. A la vuelta pensé: "Me harán cuatro entrevistas..." ¿Cuatro entrevistas? ¡estuve tres semanas sin parar! La primera semana me hicieron entre seis y diez entrevistas al día. Estoy un poco hasta el moño... Es increíble el follón que se ha montado.

¿Es injusto el trato que reciben los alpinistas por parte de los medios de comunicación?
Sí. Subes al Everest o a una montaña de renombre y te conceden más importancia que si abres una vía de dificultad. Por mi parte, he criticado a otra gente por vender el Everest por lo que no es y, ahora, a mí me están intentando endosar ese Everest. No soy yo la que lo vendo... Trato de explicar que subir al Everest por la cara sur, con oxígeno, y con sherpas no es difícil, que hay mucha gente que lo hace, y que ha sido sólo casual que ninguna otra mujer de nuestro país lo haya hecho antes...

¿Te has sentido en contra de ti misma por el hecho de utilizar oxígeno?
Sí, pero me habían contratado para hacer un trabajo dentro de una película. No podía ir en el estilo que yo quisiera. Reconozco que he dicho que emplear oxígeno es "doping", pero hubiera sido una estupidez rechazar esta oportunidad. También hay que valorar que sin oxígeno poner a diez personas en la cima del Everest para filmar hubiera sido casi imposible.

En tus dos expediciones al Everest, en pocos meses, has vivido dos tragedias ¿cómo te han influido?
El accidente que tuvimos durante la expedición de la Universidad Politécnica fue totalmente imprevisible. Sin embargo, esta última gran tragedia era bastante previsible. Había dos expediciones comerciales llevando mucha gente no muy preparada. Vimos cómo subían, iban muy cansados, y pensamos: "estos no llegan al Collado Sur". Dos días después alcanzaban la cima tarde y muy agotados, sin guardar fuerzas para el descenso. Rob Hall murió porque se quedó a ayudar a un cliente suyo que no podía descender el Escalón Hillary. Al resto del grupo les cogió la tormenta. No llevaban brújula pues tenían un guía... Sin brújula, en medio de una tempestad, es fácil perderse. Nosotros llevábamos tres para seis personas y no nos separábamos. Algunos se quedaron sin oxígeno, y había gente que subía con él desde el campo 2.

El Everest se está transformando en una montaña de ricos en la que los guías de las expediciones comerciales se juegan mucho dinero...
Cada cliente paga más de ocho millones de pesetas. Es muy delicado hablar de esto. Pero valora una cosa: se te ofrecen dos empresas, dos guías, y uno de ellos coloca todos los años a sus clientes en la cima, el otro no. ¿Qué haces si no tienes ni idea de montaña? Vas al guía que lleva siempre a sus clientes a la cima sin saber que éste posiblemente ha arriesgado su vida. Mientras que el guía que no pone a nadie en la cima es el más seguro.

¿Qué cambia el hecho de utilizar oxígeno?
En la expedición de la Politécnica llegué a 7.800 metros sin oxígeno. Esta vez lo empecé a utilizar a partir de los 8.000. Con oxígeno llevas un ritmo mucho más constante. Lo importante es que quien lo utilice, cuando comente su ascensión, la sitúe correctamente.

¿Volverías al Everest? ¿A intentarlo sin oxígeno?
Por la Sur creo que no. No es un no rotundo, es un "creo". Es posible que algún día, si tengo la oportunidad, vuelva al Everest, pero si no me voy a quedar tan ancha...

A toro pasado ¿qué es el Everest para ti?
Nunca he mitificado ni me he obsesionado con ninguna montaña. No te puedo decir "He cumplido el sueño de mi vida". Situándolo en su contexto estoy contenta con lo que he hecho, sobre todo porque me puede abrir puertas para llevar a cabo otros proyectos. Pero también es triste saber que voy a salir beneficiada cuando hay alpinistas mucho mejores que yo que nunca van a sacar nada.

¿Sueñas con vivir de la montaña?
No. Por eso me centré en mis estudios de fisioterapeuta. Tengo un patrocinador que me da material y no me pide mucho a cambio. Quiero hacer lo que quiera y cuando quiera. No quiero tener que andar dando explicaciones a nadie de la actividad que hago.

Dos expediciones seguidas al Everest son muchos meses en la misma montaña ¿aburre?
Una y otra vertiente son totalmente distintas. Vas a la misma montaña pero es como si hubieras estado en dos pues no tienen nada que ver. También los estilos eran totalmente diferentes. En la segunda me pegué unas palizas increíbles andando por el valle del Silencio, pero iba muy tranquila porque sabía que no había grandes problemas técnicos. La expedición de la Politécnica era el polo opuesto: ligera, sin oxígeno, sin cuerdas fijas, sin sherpas, por una pared difícil...

¿Te preocupa que el éxito, la fama, te cambie?
No me gustaría volverme una nena tonta, que se me subiera a la cabeza... Es mejor que nadie te conozca, porque así puedes hacer lo que quieras.

Darío RODRÍGUEZ

 

 

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