1954-2000 La reconquista del Everest
Secciones> Primeras
repeticiones y la ruta Mallory | El
trípode chino y primeras femeninas | Messner
sin oxígeno | Años 80. La gran
década | La vía más difícil del
Everest. Por Carlos Buhler | Años
90.Vanalización
de la aventura |Caza de
récords
Después de la ascensión del 53, los alpinistas suizos se
desquitaron en 1956 repitiendo la ruta que habían dejado a punto
para los británicos. Hubo que esperar cuatro años más para que
alguien consiguiera de nuevo la cumbre y el resultado fue abrir la
ruta de Mallory.
En 1960, más de 200 chinos y tibetanos, con consignas de subir
hasta la cumbre para demostrar la superioridad del régimen
comunista, instalaron su campamento base en el Rongbuk y
comenzaron un lento asedio de la montaña. Después de varios
intentos, el trío formado por los chinos Wang Fu-chou y Chu Ying-hua
y el tibetano Konbu lo logró. Creyendo que sus pies desnudos se
aferrarían mejor a la roca, para escalar el Segundo Escalón Ying-hua
se quitó botas y calcetines, pero lo que obtuvo fueron unas
congelaciones que conllevaron la amputación de la totalidad de
sus dedos. Finalmente lo logró apoyándose en los hombros de un
compañero. Por encima del Escalón, se quedó exhausto un cuarto
escalador. Sus compañeros habían hollado el Everest en la
medianoche del 25 de mayo, y él retuvo las fuerzas justas para
verles bajar al amanecer del día 26, y contarles que les guardaba
oxígeno y un caramelo, antes de morir.
En el ambiente montañero occidental esta ascensión no fue
creída en principio. Los comunicados que difundieron para
informar de su victoria carecían de un mínimo rigor alpino.

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El trípode chino y primeras femeninas |
Aunque se terminó admitiendo cuando alpinistas occidentales hablaron
con los protagonistas, los chinos escalaron otra vez la ruta en 1975, y
de nuevo el éxito fue explicado en los mismos términos de propaganda
política. Pero esta vez dejaron varios rastros de su ascensión: se
llevaron una escalera metálica que dejaron apoyada en el Segundo
Escalón y un trípode que instalaron en la cumbre. El equipo británico
que escaló la difícil cara suroeste ese mismo año allí lo encontró.
Además, la expedición china llevaba consigo a quien creían que sería
la primera mujer, la tibetana Phantog, en conseguir la cumbre y así lo
celebraron. Pero el azar quiso que once días antes, por la ruta del
Collado Sur al otro lado de la montaña, se le adelantara una japonesa,
Junko Tabei, sin que ninguna de ellas supiera nada del intento de la
otra.
La expedición de la cara suroeste de 1975 marcó un nuevo hito. Bajo la
dirección de Chris Bonington los británicos habían conseguido escalar
la cara sur del Annapurna en 1970, donde resolvieron a gran altitud
dificultades similares a lo que se estaba escalando en Alpes por
aquellas fechas. Ahora, en el Everest, solucionaron todos los problemas
alpinos de una cara que había resistido seis intentos anteriores.

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Messner (izq.) y
Habeler en el campo base. |
Pero más mucha más notoriedad que las vías nuevas de los años 70,
alcanzó la primera ascensión sin oxígeno que protagonizaron en 1978
Reinhold Messner y Peter Habeler por la ruta de 1953. Aún entonces, la
Medicina aseguraba que no se volvería cerebralmente sano de una
ascensión al Everest sin usarlo. Messner, quien, como alucinación
personal, se sintió acompañado por una presencia irreal durante parte
de la ascensión, se definió a sí mismo cuando llegó a la cumbre:
"Sólo soy un pulmón que jadea".
Aunque el uso de oxígeno no está considerado doping y hoy se usa
masivamente, hay una corriente de alpinistas que evita su uso y algunos
que propugnan su prohibición. Este tema controvertido se arrastra desde
los años 20: Mallory, opuesto al uso de oxígeno terminó aceptándolo
como única manera de conseguir la cumbre. Pero desde que Messner y
Habeler demostraron que era factible hacerlo sin él en 1978 (Messner lo
repitió escalando además en solitario en 1982), sólo 75 personas han
seguido su ejemplo de un total de 874 que han pisado el Everest. La
realidad demuestra que no sólo es más natural y muchísimo más duro
escalar sin oxígeno; según las estadísticas, un alpinista que hace
cumbre sin oxígeno tiene un tercio de las posibilidades de volver vivo
que quien escala usándolo. En las pruebas médicas realizadas con las
últimas tecnologías se aprecian algunas pérdidas neuronales, pero en
ningún caso alteraciones patológicas. En el caso de Messner, hoy es un
activo escritor e historiador del alpinismo.

Los años 80 representaron una década prolífica para las nuevas vías
en el Everest. Ocho de las quince con que cuenta actualmente fueron
abiertas entre mayo del 80 y mayo del 88. Empezó con otra importante
novedad, por la ruta de Hillary, los polacos consiguieron la primera
invernal de la montaña. Además de temperaturas mucho más frías de
los -20 grados de la primavera u otoño, la baja presión propia del
invierno disminuye aún más la de por sí pobre densidad del oxígeno
en el aire, como si la cumbre estuviera a 9.000 metros. Después de
numerosas penalidades, en el último intento del que sabían que serían
capaces, los polacos Leszek Cichy y Krzysztof Wielicki escalando con
oxígeno hicieron cumbre. En agosto, por la cara norte, Reinhold Messner
realizó la primera solitaria escalando sin oxígeno y en estilo alpino
para completar además la ruta que Norton había dejado inacabada en
1924.
Cuando en 1921, Howard Bury había decidido que la vertiente este del
Everest, la del glaciar Kangshung no era para ellos, acertó plenamente.
Hasta 1983 nadie consiguió escalarla y como resultado abrieron la ruta
con las mayores dificultades técnicas del Everest. Fueron los
americanos quienes pusieron sus ojos en el Pilar Este y lo escalaron
directos a la cumbre sur para seguir a continuación por la Arista
Sureste en el año del 20 aniversario de la primera ascensión
americana. Y fue, sobre todo, un regalo para los abuelos del 63, Thomas
Hornbein y William Unsoeld, que abrieron la larga Arista Oeste hasta
debajo de sus dificultades mayores y se desviaron a la cara norte para
proseguir por el Corredor Central (desde entonces Corredor Hornbein).
Posteriormente, la parte alta de la arista oeste será enderezada por
eslovenos que consiguieron resolver las dificultades que presenta. La
parte de la cara norte también fue enderezada por un grupo japonés que
abrió un enlace directo en la sección inferior consiguiendo, junto con
la directa del Corredor Norton abierta sin oxígeno por un equipo
australiano, las rutas más elegantes de esta vertiente.

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Años 90.Vanalización de la aventura |
En la década de los 90, se resolvió el gran reto británico de la
década anterior, la larga Arista Noreste. En los 80, una nueva
expedición dirigida por Chris Bonington, muy ligera y escalando sin
oxígeno en su histórica línea de "fair play", había
finalizado con la desaparición de dos de los mejores alpinistas del
momento, Peter Boardman y Joe Tasker. En 1995, una expedición pesada
japonesa usando oxígeno y fijando 2.000 metros de cuerda terminó por
conseguir la cumbre. Una nueva ruta puede parecer siempre un nuevo
avance, pero no para todos. Erhard Loretan, el suizo que consiguió los
Catorce Ochomiles, seguramente representaba a la corriente más ética
del alpinismo cuando señaló: "Esa ruta que había sido intentada
con tan buen estilo y donde dos personas murieron no merecía ser
abierta así".
Para algunos, les vale con ascender el Everest con oxígeno y seguir a
un sherpa que ofrece té caliente y lleva botellas de O2 de repuesto.
Por más de 7 millones de pesetas, se puede participar en una
expedición comercial que facilita al máximo las cosas pero que a
menudo, como señala Juan Oiarzabal, no se detienen a valorar si sus
clientes están bien capacitados para afrontar una montaña de esta
envergadura. La tragedia de 1996, cuando fallecieron nueve personas
entre clientes y guías, por la ruta del Collado Sur tiene su base en
este tipo de fiebre por el Everest.
Para otros, el estilo mínimo es ascender sin oxígeno ni sherpas de
altura, y por ello asumen mayores esfuerzos personales y riesgos. Si han
sido pocos en proporción quienes han subido sin oxígeno (75 de las 874
personas), los estilos más depurados, como solitario y estilo alpino
(sin instalación previa de campamentos de altura ni equipamiento de
cuerdas fijas alguno), se cuentan con los dedos de una mano en el
Everest: Messner en 1980; Tim McCartney-Snape con Greg Mortimer sin
oxígeno y estilo alpino abrieron en 1984 la directa al Corredor Norton;
y en 1986 Erhard Loretan y Jean Troillet, escalando sin oxígeno y en
estilo alpino, subieron y bajaron en 36 horas por el corredor Hornbein.
La británica Alison Hargreaves realizó una ascensión sin oxígeno e
instaló sus campamentos de altura sola, sin apoyo de sherpas en 1995.
Entre ambos está la mayoría. Alpinistas que tratan de subir tanto como
puedan buscando un equilibrio a la medida de sus fuerzas entre rapidez y
seguridad, renunciando a las ayudas de la tecnología cuanto les sea
posible. Para todos, la posibilidad de abrir nuevas rutas resulta cada
vez más una quimera, pues, desde 1953, ha habido tiempo para que casi
todo lo que un alpinista ha pensado que se podía hacer, si no él, otro
ya lo ha terminado haciendo. Pero lo más significativo es que las
repeticiones del Everest, que comenzaron como un ligero goteo, están
siendo en los últimos años un verdadero chorro.

Y así se ha ido a la caza de récords. Babu Tsering pasó en 1999 una
noche dentro de una tienda en la cumbre del Everest: el vivac más alto
del mundo. Kaji Sherpa ascendió en 20h24m en 1998: el ascenso más
rápido. Tsambu Tamang y Bertrand Roche comparten con 17 años el puesto
del más joven, que este año pretende ser batido por un sherpa de 14
años. Lev Sarkisov esperó a ser un día más viejo que Ramón Blanco
para hacer su ascenso al Everest y conseguir este récord con 60 años y
160 días. Hasta hoy, 874 personas, algunos repitiendo hasta en 10
ocasiones como los sherpas Ang Rita y Apa, se han colocado en la cumbre
del Everest. En total son ya 1.173 ascensiones.

La escalada de la pared de Kangshung del Everest se consideró
irrealizable durante mucho tiempo. En 1921 George Mallory la
descartó como imposible y el veredicto general era que las
avalanchas que barrían sus flancos hacían impensable una ruta a
través de ella. Pero a principios de la década de los ochenta
volvieron a valorarse los pros y los ontras. En 1981 una expedición
americana en la que participaban Ed Hillary y Kurt Diemberger
ascendió un gigantesco espolón en el centro de la cara antes de
que la amenaza de avalanchas les detuviera. Los americanos
volvieron en 1983, trayendo consigo un lanzacohetes para
avalanchas y un cabrestante a motor para instalar un montacargas aéreo
para el aprovisionamiento de la ruta. Hubo desacuerdos con relación
a las tácticas empleadas y la composición del equipo de cumbre
sufrió escisiones y alteraciones debido a las enfermedades, pero
la expedición siguió su marcha sumando los esfuerzos de todos.
En una serie de extractos de su diario, Carlos Buhler describe los
cambios de humor y fortuna mientras el equipo de cumbre se
preparaba para su ataque final.
26 de septiembre
Permanezco en Pinsetter. Arriba, abajo, arriba, abajo. La radio
ha estado funcionando durante toda la mañana. Los de Snow Camp me
dijeron que no bajara -claro-, porque no había cargas para subir.
Luego me dijeron que subiera. Luego que me quedara donde estaba.
Luego el porteo de todo el día quedó abortado porque nevaba
demasiado fuerte. Así que aquí estoy en Pinsetter, esperando a
ver qué va a hacer el tiempo. Tendremos que esperar al sol de
octubre que asiente estas pendientes. Pero hoy me siento
misteriosamente indiferente acerca del tiempo transcurrido. Un mes
ya en el base y no me preocupa en absoluto. Eso sí, espero que no
perdamos a nadie en la parte superior por avalancha. Allá arriba
puede ser una lotería.
27 de septiembre
No puedo creer lo que acaba de suceder. Di en mi opinión debíamos
tener un poco de delicadeza con Geoff Tabin, que se sentía un
poco como aparte y cuya primera experiencia en montaña había
sido bastante dura. Uno dijo que esa clase de cosas no eran de m
incumbencia y que no era bueno para 12 posibilidades del grupo que
la gente se preocupara acerca de uno de los componentes: había
que dejar obrar a la selección natural. En esos momentos sentí
ganas de marcharme de aquí. Se me saltaron las lágrimas y sentí
vergüenza de que alguien se diera cuenta. Pero en realidad no me
importa. Todo este episodio reafirma mis ideas acerca de la
participación en expediciones como ésta. En cualquier caso, Lou
y yo subimos a jumars hasta el Helmet Camp. Cometí el error de
ponerme delante y me sentí empujado todo el camino. La próxima
vez iré detrás, despacito.
Todo esto puede hacerse en diez días. Si se numeran por orden los
tipos más fuertes, probablemente yo no estaría entre los cuatro
primeros. Y qué más da. La verdad es que no me entusiasma
demasiado este tipo de escalada.
28 de septiembre
Estoy bastante cansado hoy. Lou y yo abrimos huella hasta 7.150
metros. Hice todo lo que pude porque era mi primera oportunidad de
estar arriba y en cabeza. Mañana portearemos hasta el
emplazamiento del campo IV.
Estoy muy contento de haber contribuido como lo he hecho hoy. Hay
algo especial en el hecho insignificante de abrir ruta por donde
nadie ha estado antes. Creo que hoy ha sido mi día más feliz en
lo que va de expedición.
29 deseptiembre
Toda la banda está aquí, o casi toda. Probablemente caeré en
mi complejo de inferioridad cuando discutamos acerca de dónde
poner los campamentos, etc. Si el tiempo se mantiene bueno haremos
un intento de cumbre en una semana más e parece muy bien,.Con
trece personas aquí arriba, yo estaría muy dispuesto a
intentarlo de una maldita vez. No me llevo muy bien con las otras
doce personas. Será interesante ver qué tal voy por allí
arriba. Al menos, debo intentar subir mi propio récord de altura
en esta expedición.
Mientras subía a jumars con mi carga, me pareció que esta ruta
es realmente única y extraordinaria: muy técnica, increíblemente
técnica para estar en una montaña tan grande.
1 de octubre
Hoy fue para mí un magnífico día. Dormimos en el campo IV y
abrimos ruta hasta el campo V, que esperamos se halle más arriba
de los 7.600 metros. Lo mejor de todo es que mi cuerpo ha
respondido con éxito a mi voluntad. El quid de la cuestión me
empieza a parecer claro ahora, tendido como estoy en el saco... ¡me
han elegido para formar parte del primer equipo de cumbre!
Esto es totalmente increíble para mí, el chic que se crió en
Harrison, Nueva York, gordito y muy poco atlético como era. Así
que me siento muy honrado, sabiendo que no soy el más fuerte ni
el más experto miembro del equipo, pero que a pesar de todo se me
considera una buena apuesta para el primer intento. Que lo
consigamos o no, depende de muchas cosas. Pero si dentro de cinco
días estamos los cuatro en la cumbre, voy a tener que pensar un
montón acerca de lo que ha sucedido en mi vida. ¿Sueño? ¿Por
qué no? ¿Cuántas veces tiene uno la oportunidad de soñar con
subir al Everest por una ruta nueva?
2 de octubre
Nieva aquí abajo, en Helmet. Estamos por aquí tirados,
descansando, comiendo, bebiendo. Me siento maravillosamente bien.
Listo para intentar la cumbre, comenzando por subir mañana al
campo IV ¿Sucederá?
3 de octubre
Una vez más, todo ha cambiado. El grupo A tuvo que reducirse a
sólo tres personas, y era evidente quién iba a ser el excluido.
Así que cuando Jim me colocó en el segundo equipo de tres con
Kim y Lou, estuve totalmente de acuerdo. De hecho, me apetece
bastante ir con esos dos. Entre los seis primeros escaladores
acumulamos tanta experiencia que no veo cómo podríamos ser un
equipo aún más fuerte.
Después del mal tiempo de ayer y de hoy, mañana parece que será
bueno. Estoy tan contento con este equipo de seis y me siento tan
honrado al formar parte de él que es difícil de explicar. Ahora,
a seguir esperando y ver cómo evoluciona el tiempo. Y rezar para
que dentro de cinco días mis sueños se hagan realidad.
5 de octubre
Todo está en silencio en el campo IV. El equipo A ha partido
hacia el campo V. Lou y Kim suben detrás, destinados a portear e
instalar el campo VI. Yo también subo al campo V, pero antes voy
a beber algo. Fuera hace viento y las espesas nubes no hacen
presagiar un buen tiempo para la cumbre. Si hay suerte, en cuatro
días habremos terminado. Será magnífico estar en lo alto de
esta bestia. Y bajar enteros.
6 de octubre
Dave tiene un presunto edema pulmonar. De repente nos hemos
convertido en el primer equipo que intentará la cumbre. Yo soy el
eslabón débil de esta cadena. Lo lamento mucho por el equipo A.
He llorado cuando George y Kop, aquí sentados, hablaban con Jim
por la radio. Yo no soy en modo alguno tan fuerte como Lou y Kim,
pero ningún otro lo es tampoco. No sería honesto conmigo mismo
si no aprovechara el turno a que tengo derecho para intentar la
cumbre. Así que aquí estamos, los tres del equipo B, sentados y
bebiendo. Nunca me he sentido tan presionado para hacer una
cumbre, por no haber cedido mi puesto a George. Pero no voy a
dejar que eso me afecte. Estoy aquí para hacer absolutamente todo
lo que pueda.
7 de octubre
Hoy subimos. Lou está haciendo la mochila. Por todas partes
hace tiempo de cumbre. Perfectamente despejado. En el campo V, una
noche dura a 7.700 metros. Kim es una joya aquí arriba, está
cantando...
10 de octubre
Pues bien, George subió hoy a la cumbre del monte Everest. Dan
y Jay también. Lou, Kim y yo subimos el día anterior. El Everest.
Seis en la cumbre, y el sueño se ha hecho realidad. Primer equipo
de cumbre. Kangshung, Lou y yo abrimos la pared del Karrgshung
hasta la cumbre del Everest.
Es difícil mantener una clara perspectiva de todo esto. Nuestra
ascensión hasta el campo VI el día 7 careció de incidentes. Subí
despacio, sin picarme con Lou o Kim. Aquella noche estuvimos
bebiendo durante cuatro o cinco horas y otra vez a la una de la
madrugada, cuando nos levantamos para ir a la cumbre. Hasta las
cuatro bebimos y bebimos. A continuación vinieron diez horas y
tres cuartos abriendo huella trabajosamente. Tardamos seis horas
en ascender los primeros 400 metros, hasta 8.400, siguiendo la
arista "normal". La nieve estaba en unas condiciones
absolutamente horribles y nos cansamos muchísimo. Alcanzamos a
los siete japoneses que estaban intentando el Everest sin oxígeno
y seguimos nuestro camino.
Me pareció increíble la pendiente que lleva a la Cumbre Sur:
condenadamente traidora. Después del Escalón Hillary encontramos
placas de viento y la idea de que Mike Burke desapareció aquí en
1975 me hizo ser muy cauteloso. Traté de mantenerme bastante bajo
por el lado izquierdo de la arista a fin de evitar las enormes
cornisas que caían hacia la cara este. Ascendí todo aquel tramo
en cabeza y lleno de aprensión, aunque sabiendo que el tirón
final nos permitiría conseguir una victoria para toda la expedición.
Kop me había avisado de la presencia de unas cuantas falsas
cumbres que parecían la cumbre, y de que cuando apareciera la
cima verdadera, sería inconfundible. Fue un buen consejo. Cuando
divisé la cumbre esperé a que Kim y Lou llegaran junto a mí. El
día era fantástico y el sol nos calentaba suavemente, incluso en
aquellos últimos metros. juntos, los tres cramponeamos hasta lo
alto. Era como un sueño.
El aire a nuestro alrededor estaba muy calmado y parecía que se
pudiera encender una vela en la cumbre. Mi pequeña cámara
Olympus nos trasmitió la verdadera temperatura. Estaba
completamente congelada. Kim tomó un walkie-talkie y llamó al
campo base avanzado. Oímos unos cantos tibetanos: los pastores de
yaks que permanecían en el campo base habían comenzado aquella
mañana a las 5 am. a cantar oraciones para nosotros, y no habían
dejado de hacerlo en todo el día. Me sentí muy emocionado por
sus voces. Sacamos un puñado de banderas que debíamos
fotografiar.
Cuando nos quitamos las máscaras de oxígeno las cosas fueron un
poco más lentas. Me sentí muy interesado por la forma en que el
glaciar de Rongbuk se dirigía al norte hacia el Tibet. Entonces
empezamos con las fotos del material: no tuvimos mucho tiempo para
disfrutar de las vistas. Yo sentía como si estuviéramos muy
lejos en un lugar muy frágil y el deseo de comenzar el descenso
me agobiaba. En mi cerebro hambriento de oxígeno empezó a
deslizarse una vigorosa sensación de tranquila felicidad y a
tomar cuerpo la conciencia de haber realizado nuestro objetivo.
Todo lo que debíamos hacer ahora era descender sin accidentes. No
pude evitar que el recuerdo de Mick Burke volviera una y otra vez.
Sentí que aquel día aún teníamos mucho por andar.
Comenzamos a descender a las 3.25. Me detuve para recoger algunas
piedrecillas y en ese momento Kim y Lou estaban fuera de mi campo
de visión. Tardé un instante en darme cuenta de que estaba solo
en lo más alto del mundo: mi momento de ser el ser viviente más
alto de la tierra. El descenso no fue tan bueno.
En el Escalón Hillary nos topamos con los cinco japoneses que
seguían caminando hacia la cumbre. Lou se movía como un viejo: sólo
más tarde me enteré de que había dejado de usar oxígeno porque
se le empañaban las gafas. Le vi bajar el escalón muy despacio,
y cuando él y yo alcanzamos la Cumbre Sur Kim estaba ya muy
lejos. Le vi allá abajo, en la arista sureste. Debía sentirse
nervioso por si se nos echaba la oscuridad y por eso avivaba el
paso. Eran alrededor de las 4.30, el sol estaba ya bajo en el
cielo y también yo estaba preocupado por la hora. Entonces
encontramos otro escalador que subía hacia la Cumbre Sur. Supuse
que sería otro de los japoneses con que habíamos coincidido
antes. Como ellos, escalaba sin equipo de oxígeno.
"¿Cuánto queda para la cumbre?" preguntó en un inglés
desmadejado. No supe qué decir. Ya era muy tarde y al caer la
oscuridad la temperatura bajaría tal vez cuarenta grados. Tenía
la garganta como el hielo seco y apenas podía hablar. Me señalé
la máscara y le dije: "Con oxígeno, tal vez una hora.¿Sin
oxígeno ... ?" y me encogí de hombros.
"¡No hay tiempo! ¡No hay tiempo!", dijo, verbalizando
sus pensamientos, mientras contemplaba el Escalón Hillary donde
uno de los japoneses aún subía por las cuerdas fijas. Tenía
toda la razón respecto al tiempo. Pero alguien que intenta subir
al Everest sin oxígeno es una persona motivada y era él quien
debía tomar su decisión pensé. Me dijo que no era un escalador
japonés sino un sherpa. Y quería bajar. Me pareció que era lo más
sensato que podía hacer, pero claro, yo ya había hecho la
cumbre.
Saqué una manopla suelta que tenía en la mochila y mi segunda
botella de agua, que estaba en su interior. Sabía que no iba a
necesitaría si podíamos llegar a la tienda esta noche, y la
coloqué en la nieve en un lugar donde esperé que la vieran los
japoneses. Seguí descendiendo la pendiente que bajaba de la
Cumbre Sur. Era nieve compacta y una caída hubiera sido casi
imposible de detener. Observé que, como yo, Lou descendía de
cara al valle. Me hallaba unos doce o quince metros por delante
cuando oí pedir ayuda a Lou con un grito seco y ronco. Me volví
y le vi tendido de espaldas en la pendiente de 35 grados, con la
cabeza hacia abajo. ¡No tenía sentido! Subí precipitadamente
hacia él cramponeando con las puntas delanteras y lancé mi
cuerpo contra el suyo.
El esfuerzo me hizo sentir como si se me hubiera acabado el oxígeno
y boqueé en busca de aire, medio ahogado. Durante unos segundos
fuimos una masa confusa de brazos, piernas y piolets. Lou había
pisado en una pequeña grieta de treinta o cuarenta centímetros,
causada probablemente por el deslizamiento de la capa de nieve.
Tenía la pierna hundida dentro hasta la rodilla y eso era lo que
le retenía sobre la pendiente abombada por encima del labio de la
grieta.
Una vez enderezado, Lou descendió de cara a la pendiente el
resto del tramo pronunciado. Yo quería alcanzar a Kim antes de
que empezara a bajar por la cara este, y pedirle que esperara por
si surgía algún otro problema. Vi que el sherpa con el que había
estado hablando también había iniciado el descenso. Me apresuré
cuanto pude para alcanzar a Kim. Se había quedado bastante frío
e insistía en continuar. Comprendí que no podía hacer otra cosa
que esperar a que llegara Lou.
Al cabo de unos minutos, volví a oír gritar a Lou. Cuando estuvo
a mi lado, explicó lo que había visto. Un cuerpo había pasado
resbalando junto a él por la pendiente, saltó la arista hacia la
cara sureste y desapareció. Era el sherpa con el que yo había
estado hablando en la Cumbre Sur, y que había decidido, volver
sobre sus pasos. Nos planteamos subir al Collado Sur para contar
lo acaecido a los dos japoneses que se habían quedado allí, pero
entonces apareció otro sherpa que era el compañero del primero.
Pareció extrañamente impasible cuando le dijimos lo que había
pasado. Con el corazón en un puño iniciamos el descenso por la
cara este. Era tarde y el sol se ocultaría en breve detrás del
horizonte. No se veía a Kim. Bajamos a trompicones por la
profunda trinchera que habíamos abierto en el camino de ascenso.
Alrededor de las ocho de la tarde llegamos a la única tienda del
campo VI.
Dentro encontramos a George, Kop, Jay y Dan. Kim había pasado de
largo hacia el siguiente campamento a fin de dejarnos sitio a Lou
y a mí. Este Kim estaba realmente fuerte. Los seis pasamos una
noche horrible en aquella tienda de tres plazas.
Al día siguiente Kop decidió no intentar la cumbre, después de
oír la historia del sherpa muerto. George llegó a la cumbre el 9
de octubre, antes que Jay y Dan. Mientras subía, se cruzó con el
escalador japonés, Mr. Endo, que descendía tambaleándose después
de un duro vivac cerca de la Cumbre Sur. Jay y Dan llegaron juntos
a la cumbre varias horas más tarde en medio de la niebla. El
tiempo estaba cambiando rápidamente. Como más tarde nos
enteramos, sólo tres de los cinco japoneses con quienes nos habíamos
cruzado en el Escalón Hillary bajaron vivos de la montaña.
George bajó el piolet de uno de ellos, que encontró hundido en
la nieve por encima del Escalón Hillary, y lo envió a sus
familiares en Japón.
11 de octubre
Aún hoy me siento bastante cansado. La verdad es que no lo
entiendo. Pero me voy después del desayuno. Es hora de volver a
casa. No estoy recuperándome. Ayer estuve todo el día tumbado en
mi saco mientras pasaba una tormenta en que cayeron treinta centímetros
de nieve. Esto ha hecho abortar el intento del tercer equipo de
cumbre. Ahora estamos recogiendo los campamentos. Todo el mundo
está bajando, y cuando desciendan Dan y Jay todo el grupo estará
a salvo.
13 de octubre
Estos últimos días he empezado a asumir que realmente hemos
abierto una nueva ruta en el Everest. Que estuve en la cumbre de
esta enorme montaña y tuve el honor de abrir huella hacia la
cumbre. Nunca lo hubiera imaginado. Todavía me estoy empapando de
ello.
14 de octubre
Creo que en mucho tiempo no voy a desear participar en otra
gran expedición. Pero si tuviera que decidir en qué gran
expedición americana de los últimos diez años estaría
dispuesto a tomar parte, sería ésta. Todos han vuelto sanos,
victoriosos y, lo más asombroso, siguen siendo amigos. Lo que no
significa que no hubiera diferencias. Pero en general todos se
llevan bastante bien unos con otros. Eso da un toque muy especial
a este viaje.
18 de octubre
Mi última visión de la cara este del Everest en este
espectacular día de sol. El Makalu, el Chomo Lonzo, el Lhotse y
el Everest. Todos, con unas dimensiones majestuosas. Todavía no
me hago a la idea de que estuve en la cumbre. Pero saber que
estuve allí hace que me sienta orgulloso por haber conseguido
este objetivo. Una actividad increíble esta ruta. Desde el
principio supe que era para mí.

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