1924. ¿Se ha escalado el Everest?
Secciones> El misterio de Irvine y Mallory
(Enlazar con la NOTICIA DEL ALFILO)
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En la arista Sureste:
Hillary con 33 años y Tenzing con 39 en su séptimo
intento. |
La expedición de 1924 ya no tenía que hacer ninguna exploración.
El acceso correcto por el glaciar había sido explorado en el 22, y
desde la Arista Norte habían reconocido dos posibles caminos
diferentes. Ahora se trataba de empujar hacia arriba. Pero antes de
avanzar más lejos que los años anteriores, Mallory buscó y
encontró una alternativa al paso del Collado Norte para evitar la
zona de caída de aludes que en la expedición anterior había
sepultado a los sherpas. Lo superó y lo dejó equipado con una
escala que permitiría subir más fácilmente.
Después ocurrió algo que minó mucho sus fuerzas. Un grupo de
sherpas que se encontraba en el Collado Norte tras realizar un
porteo, quedó atrapado a causa de una tormenta. Pasaron cuatro días
y las condiciones no habían cambiado, seguían siendo funestas. Los
sherpas, por sí mismos eran incapaces de bajar. Mallory, Norton y
Somervell, los más expertos, salieron en su ayuda aunque todos
pensaban que nadie volvería vivo. Llegaron al pie del Collado y
encontraron que la escala estaba tapada por la nieve. Mallory reabrió
el paso y consiguieron llegar hasta ellos. Les encontraron
aterrorizados, incapaces de moverse porque habían pasado cuatro días
a solas con sus dioses enfadados como demostraba la tormenta. De
noche, ayudándoles en cada movimiento, consiguieron bajar con las
fuerzas al límite. Rescatadores y rescatados se desplomaron en
cuanto vieron que, desde las proximidades del campamento base, unas
luces indicaban que otros salían en su ayuda.
Después de unos días de descanso, hicieron dos cordadas. Norton y
Somervell, mejor recuperados, partirían antes y escalarían sin oxígeno.
Mallory esperaría unos días más y junto con Irvine, especialista
en arreglar botellas de oxígeno, subirían después utilizándolo.
Norton y Somervell decidieron continuar por donde Finch y Bruce habían
intentado en 1922. Se trataba de salir desde el Collado Norte por la
Arista Norte para desviarse luego en travesía a la derecha por una
pendiente de roca y nieve en dirección al Gran Corredor, que en
adelante se llamará Corredor Norton. Somervell se detuvo antes,
pero Norton consiguió llegar hasta los 8.570 metros. De nuevo habían
conseguido subir más alto, pero no lo suficiente. Las dolencias de
garganta de Somervell, otra de las enfermedades típicas de las
montañas producida por la extrema sequedad del ambiente, y el
cansancio les hizo retroceder.
El turno de Mallory e Irvine sería por la ruta que el primero ya
había recorrido hasta 8.000 metros en 1922. Él prefería continuar
más arriba por la Arista Norte para enlazar con la Arista Noreste.
Desde allí crestearía y resolvería los Escalones que Norton
prefería evitar yendo más abajo. El primer objetivo de Mallory,
instalar un campamento 6 a 8.160 metros fue logrado. Los porteadores
regresaron y los británicos pasaron la noche esperando que el día
8 de junio amaneciera con buen tiempo. Salieron "con un tiempo
perfecto para hacer este trabajo", dejó escrito Mallory, pero
las nubes pronto ocultaron a los dos hombres de la visión de sus
compañeros, que seguían sus pasos desde el Collado Norte. Nunca
regresaron. Noel Odell, el último que los vio con vida, estuvo
siguiendo la ascensión pero las nubes sólo le dejaron ver unos
pocos minutos. Explicó que vio cómo un escalador superaba un
resalte y a los cinco minutos el segundo se le unía. Estaba
convencido de que se hallaban en el Segundo Escalón, a 8.600
metros, una altitud jamás alcanzada. Desde allí, donde se estimaba
que terminaban las dificultades creía que les habría sido fácil
alcanzar la cumbre y que perecieron en el descenso. Había lugar
para esa esperanza.
El conjunto de las expediciones de 1921, 1922 y 1924 significó el
principio y final de un ciclo. Salvo que el último año hubiera
ocurrido un milagro, no escalaron el Everest pero con la altura
alcanzada (8.570 metros) sin usar oxígeno, sólo el Kangchenjunga,
el K2 y el propio Everest quedan por encima. Esa altitud, que no fue
superada hasta 1952, junto con la capacidad técnica y táctica que
demostraron, sugiere que varios de los once ochomiles que miden
menos podrían haber sido ascendidos con soltura en 1924, adelantándose
en 26 años a la historia. Y habían llegado hasta allí con un
equipo técnico tan nefasto como puedan serlo unas chaquetas de
lana, la corbata, unas botas de cuero pesadas y -quien lo usó- un
equipo de oxígeno de 15 kilos. Además rechazaban, por poco
respetuosos con el "fair play" de las montañas, los
crampones, que permiten una progresión mucho más rápida y
descansada que tallar escalones. Como es lógico, hoy nadie se
plantea escalar el Everest sin un buen mono de plumón, la mejor
ropa interior térmica y las botas de plástico más cálidas y
ligeras; la botella de oxígeno que se utiliza pesa 5 kilos y la de
reserva aún menos porque la suele portear un sherpa. Por supuesto,
nadie talla escalones.
La montaña había estado esperando, consciente de su verdadera
dimensión y sus protagonistas demostraron ser hombres con un espíritu
y una fortaleza que se había adelantado a las posibilidades de su
tiempo.

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