![]() |
![]() |
||||||||||||||||||||||||||||
![]() |
|
||||||||||||||||||||||||||||
|
|
Entre los nuevos problemas que acarrean las numerosas
expediciones a montañas como el Everest probablemente a nadie
se le habría ocurrido pensar en que fuera posible un suceso
como el que ha ocurrido estos días. Como ya estáis informados
el día 20 durante el transcurso del terrorífico descenso al
campo 3, tras el abortado ataque a la cumbre, un alpinista
sufrió una caída de unos 200 metros en la delicada zona de las
bandas amarillas. Aunque la caída parecía fatal por necesidad
nuestro compañero Alberto Zeraín logro descender, después de
más de media hora de destrepe muy delicado, hasta el punto
donde se encontraba el infortunado montañero. Apenas pudo hacer
nada por él, ya que tenía heridas muy importantes y en un
momento determinado hizo un movimiento brusco resbalándose al
precipicio del glaciar del Rongbuk. Nuestro compañero se quedó
con la mochila en la mano mientras asistía con el ánimo
encogido a este accidente.
Sin embargo había que continuar descendiendo para ponerse a salvo de la tormenta que de imprevisto estaba adueñándose de la montaña. Por momentos nos parecía que podía estar repitiéndose la historia de 1996 cuando una tormenta provocó una auténtica tragedia. Además en medio de la ventisca podía producirse en cualquier momento otro accidente. La mayoría de los alpinistas descendían en condiciones límite, con los pies y manos insensibles, algunos con ceguera de las nieves, como nuestro compañero Juan Oiarzabal. Así pues lo prioritario era sobrevivir y descender lo antes posible al Campo Base Avanzado. A pesar de estas condiciones Alberto Zeraín se bajó la mochila del alpinista que había sufrido el accidente. A últimas horas de la noche continuaban llegando los alpinistas de las diversas expediciones en condiciones lamentables. Esta es la razón de que nadie se preocupase por esa mochila ensangrentada que había bajado nuestro compañero, hasta bien entrado el día siguiente. Nos parecía razonable que muy pronto alguien preguntase por su compañero perdido y aquélla mochila azul, podía ser la clave para su reconocimiento.
Sin embargo han pasado tres días y nadie ha reclamado la mochila y nadie sabe quien pude ser el infortunado dueño de la misma. Las hipótesis recorren las tiendas del campo base avanzado: quizás fuese un polaco, cuyo compañero había abandonado el campo base, pero no es habitual que escaladores del este lleven mochilas norteamericanas tan caras, puede, también, que fuese un alpinista danés que iba sólo pero nadie ha preguntado por él, ni los serpas ni el cocinero, y, por último, desde hace unos días faltan del campo base dos alpinistas británicos, ya maduros, que nos dejaron parte de su comida, diciéndonos que lo iban a intentar pero que no llevaban ni cocinero ni serpas. ¿Es posible que haya más gente perdida en la montaña y esa sea la explicación del misterio del alpinista despeñado en la cara norte del Everest? En cualquier caso, parece que alguna de las características
de las sociedades modernas comienzan, con el aumento de las
expediciones, a traspasarse al Himalaya. ¿Es posible que una
persona desaparezca y a nadie parezca interesarle, ni nadie le
reclame, ni sus compañeros ni familiares estén preocupados?.
De momento la T.M.A. (Tibetan Mountanering Asociaition) está
haciendo una encuesta, tienda por tienda, para intentar
esclarecer el misterio.
|
||||||||||||||||||||||||||||
|
|
|||||||||||||||||||||||||||||
|
| Home | Everest principal | |
|
Tabla de contenido>> Última hora | Historia de un gigante | Rutas | Enciclopedia Everest | El gran misterio | Mujeres en el Everest | Hillary | Sobre el papel |
|
|
|
Resolución mínima de 800x600. © Copyright 2000 Ediciones Desnivel, S.L. Prohibida su reproducción total o parcial. |