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La libertad en la montaña

El senador y alpinista Luis Fraga, que coronaba la cima del Nanga Parbat en 1998, considera la libertad como parte esencial del espíritu del alpinista, una libertad amenazada actualmente por las crecientes prohibiciones sobre nuestras montañas. Luis Fraga no ofrece su opinión sobre este candente tema, que el pasado miércoles 22 fue objeto de debate en la Librería Desnivel. 



Luis Fraga


La libertad en la montaña

  La libertad es parte esencial del espíritu del alpinista. Sin ella es difícil concebir la inmensa fuerza que puede llegar a albergar cualquier persona. Elegimos entre opciones, y no todas conducen a la cumbre, a la sabiduría, al buen destino, pero en la libertad de optar se manifiesta la grandeza de lo humano. También cada cual es libre de ver la montaña según su propio estilo: unos se centran en el paisaje, otros en la experiencia, o en otro elemento. Las interpretaciones del mundo no son parcelas de una llanura uniforme: aquí y allá surgen abismos, pero también cordilleras que pueden conducir a lo más elevado.

  Los valores: libertad y medio ambiente

 
La cuestión de los valores es clave para el análisis de la libertad en las montañas. Y ello porque está surgiendo un nuevo valor, impensable hace trescientos y no digamos mil años, y que será determinante para el siglo XXI y los siguientes: el respeto al medio ambiente, a la salud del planeta. Que es también la nuestra. Se habla, en efecto, de "crisis de valores". De que nos encontramos en una época en la que los viejos valores ya no están vigentes y los nuevos aún no han surgido. Para unos, los valores son inmutables. 

  Para otros, los valores a lo largo de la Historia no han dejado de transformarse y adaptarse a las sucesivas circunstancias de la humanidad. Pero todos coinciden en que el siglo XX se ha caracterizado por la explosión de una nueva fuerza que ha cambiado radicalmente el aspecto del mundo: la técnica. Y ésta , además de sus efectos favorables, también ha provocado, como bien se sabe,
consecuencias desastrosas para el planeta: la creciente degradación del medio ambiente como nunca antes la había conocido la humanidad.

  Ante esta realidad, la ética genera nuevas figuras. Lo que en un primer momento en el que fuimos conscientes del problema era tan sólo una preocupación, cada vez más profunda, por los desastres ecológicos, ha ido transformándose en un nuevo valor que ya ha adoptado carta de naturaleza: la atención prioritaria al medio ambiente. Se trata de un nuevo valor que surge, potente como el sol, en el amanecer del siglo XXI. 

  Ahora bien, este nuevo valor no puede significar el ocaso de otro, tan antiguo como nuestra especie, que es tan irrenunciable como nuestra condición humana: la libertad. Pero el ejercicio del libertad no es algo infinito. Tiene sus límites, como por ejemplo los marcados por el respeto a la libertad de los demás. Lo mismo sucede con el respeto al medio ambiente: no podemos volver a la Edad de Piedra. Ambos valores tienen sus límites y, por lo tanto, su precio. Pero es posible conciliarlos. La grandeza humana es capaz de ello. 

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