La libertad en nuestras montañas es algo que nos
incumbe a todos los que disfrutamos de ellas. Importantes
nombres de nuestro alpinismo, como Luis Fraga, Martínez de
Pisón, Pérez de Tudela o Carlos Soria, han firmado un escrito en defensa
de esa libertad, que desde Desnivel os invitamos a refrendar
con vuestro apoyo.
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El senador y alpinista Luis Fraga
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La gran cuestión de nuestro tiempo en relación
con la montaña tiene un nombre: la Libertad en las
montañas. Y ello por un motivo: las quejas, casi diarias,
que los montañeros y escaladores están planteando contra
el conjunto de restricciones y prohibiciones que, desde hace
más de diez años y cada vez con más fuerza, parecen ir
adueñándose de las montañas y espacios protegidos de toda
España.
Los hechos son claros: prohibición (desde hace más
de diez años) de escalar o abrir vías en los Cuchillares
de Contreras y otros lugares de España; prohibiciones al
vivac, y todo tipo de disposiciones que, a quienes desde
siempre han practicado la montaña en libertad y en armonía
con el medio ambiente, no dejan de causar preocupación y
desasosiego.
Preocupación, porque las limitaciones a la libertad
siempre son preocupantes. Desasosiego, porque nada hay más
contrario a la filosofía de la montaña que las
prohibiciones. Y ello, porque la libertad es parte esencial
del espíritu de la montaña. Sus límites no han de ser
arbitrarios sino, como siempre lo han sido, razonablemente
determinados por la libertad de los demás, y en este caso,
por el respeto al medio.
El asunto es muy amplio, y cualquier reflexión
que sobre él se haga se inscribe, además, en otra de más
alcance: la cuestión de los valores. En efecto, ya iniciado
el siglo XXI, se consolida en la Humanidad un nuevo valor,
impensable hace quinientos años, pero esencial en el mundo
de nuestros días si queremos preservarnos como especie y
ser capaces de pensar a largo plazo: la defensa del medio
ambiente.
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Eduardo Martínez
de Pisón
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Sólo si somos capaces de preservar un mundo sano, en
el que las especies no se extingan y los paisajes naturales
no se conviertan en estercoleros podrán nuestros
descendientes alcanzar una mayor calidad de vida en el
planeta en que hemos crecido como especie. La tierra a la
que queremos. El planeta cuyo medio ambiente hemos de
proteger
Ahora bien, la defensa del medio ambiente es un valor
perfectamente compatible con algo tan viejo para la
Humanidad como la defensa de la libertad. Ambos valores
pueden y deben conciliarse. Existe un justo medio, cuya
resultante es la armonía para todos. Y vale la pena
intentar alcanzarlo. Es más, existe una convergencia: sin
espacios naturales bien conservados no es posible realizar
un montañismo digno de tal nombre y, a la inversa, sin
espíritu montañero no puede beneficiarse nadie plenamente
de la conservación de esos espacios.
De hecho, en el caso de la montaña, los montañeros
y escaladores hemos sido los primeros en defender el cuidado
del entorno. Nos va en ello la propia concepción, tanto
ética como estética, de lo que entendemos por montaña. Y
queremos seguir haciéndolo. Con hechos: no sólo no tirar
basura, sino recoger (miles de veces lo hemos hecho) la que
otros tiran, respetar la flora y la fauna, no hacer ruido.
Vivir, en definitiva, en armonía con el medio. Un medio que
también incluye al hombre, que no es un extraño en la
naturaleza. Y no podemos llevar la ecología hasta un
límite que vaya en contra del propio hombre. Esa es la
clave del problema, y hemos de subrayarlo cuantas veces sea
necesario.
Todo esto es bueno que contribuyamos a explicárselo a
la Administración. Ese es, desde el punto de vista
operativo, el factor esencial. Si queremos que la
Administración actúe en favor de todos (y ese es, por
esencia, su objetivo) hemos de ser capaces de saber
explicar, con claridad, todo lo que conocemos de la
montaña.
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